El felino Más hermoso de la selva
May 13, 2008
By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima
Joseph Treviño
EL SOL DE YAKIMA
Míralo.
Sí. Es precioso.
Por lo menos eso sin duda pensó el jovencito en la tienda de videos que vio el Jaguar XJV8, de color rojo, al saludarme desde su Cadillac grande como el que condujo en la película el superhéroe cómico de Undercover Brother (El “hermano” secreto).
Luego estuvo el joven de una hamburguesería local que al ver venir el Jaguar, me avisó que no pasara por la entrada de coches para pedir por fuera dado a que el sistema de riego podía manchar de gotas al auto. Luego se esmeró en llevarme las hamburguesas al estacionamiento.
“¿Es un Jaguar, verdad? Es bellísimo”, dijo.
Con su capota grande y delineada, su imponente porte, su inconfundible estilo antiguo, el XJ 2008 resulta impresionante. No hay manera de ignorarlo.
Sí, cuesta 95,000 dólares y sin duda que el XJ es un auto exclusivo. Su motor de 400 caballos de fuerza no sólo es tragalón de gas, sino que también es un atentado contra el medio ambiente.
Ah, pero si viéramos a este coche como un elitista, estaríamos equivocados. Las apariencias engañan.
A diferencia de marcas de lujo como Mercedes, BMW, Audi o Lexus, Jaguar, cuya base está en Coventry, Inglaterra, no evoca esa envidia hacia los ricos de querer pasarlos por la guillotina. Sí, a todas luces es un coche aristocrático, el cual viene con el sello de la Reina de Inglaterra y cuyo diseño antiguo británico le dice a uno que el XJ es totalmente de abolengo.
Pero a diferencia de las otras marcas mencionadas, el Jaguar, aunque de garbo exclusivo, no tiene ese aire pretencioso, ese sentimiento sangrón que tienen algunos de los dueños yuppies que conducen otros coches de lujo, quienes suelen mirarnos abajo a los demás.
Tal vez se deba a que Jaguar, marca que la empresa Ford acaba de vender a Tata, una automotriz de la India, desde su creación ha tenido problemas económicos.
Es como esas familias aristocráticas que perdieron su fortuna pero les queda el título de nobleza. Es parecido a lo que somos muchos de nosotros; eternos perdedores que contra viento y marea alzamos la cabeza ante la adversidad.
Y es que la marca Jaguar cuenta con un pasado glorioso, en el que sus coches han ganado carreras legendarias como Lemans (¡siete veces!). Además, siempre han estado entre los coches más bellos del mundo.
Pero en las últimas décadas le ha faltado lo que le sobra a sus rivales germanos y niponeses: dinero. Comparados con Mercedes y BMW, los ingleses hacen sus coches con poco billete.
Ante sus rivales alemanes y japoneses, el Jaguar XJ me recuerda a los 300 samuráis que armados con sus espadas, lucharon hasta la muerte contra 300,000 soldados de las fuerzas imperiales que cargaban rifles y ametralladoras Gatlin (véase el filme El último Samurai). Los samuráis perdieron, ah pero, ¿Quién no admira su valentía?
Contra todos los pronósticos, considero que el XJ es un mejor coche que sus rivales. Es más bello y rápido.
A velocidades tranquilas, su motor me recuerda a la respiración de un gato. Pero en cuanto le pise fuerte el acelerador en la autopista 82, el V8 emitió un chillido demoníaco, como algo salido del filme El Exorcista.
Fue tal la velocidad que varios coches se hicieron a un lado. El conductor de una camioneta Ford King Ranch optó por cambiar de carril y conducir a las reglamentarias 60 millas por hora, sin duda preguntándose por el loco que venía detrás de él en tremendo coche rojo.
Podría elaborar sobre el precioso interior del XJ. Su madera acabada, su cuero Connelly inglés, su reloj analógico, sus alfombras gruesas en las que los pies descansan como sobre una nube.
Pero aunque el Jaguar sí tiene muchos avances electrónicos, hay que admitir que sus rivales tienen mejores artilugios. El Mercedes Benz S Class, un directo rival del XJ, incluso le da a uno un masaje.
No me importa.
Prefiero el tremendo motor del Jaguar, el cual lanza a esta bestia de 4,006 libras (mucho menor en peso que sus contrincantes) a las 60 millas por hora en cinco segundos. Créanme que eso es sumamente veloz.
Las gigantescas llantas se aferran al camino como un gato. Y todo bajo una comodidad en grandes asientos en los que uno bien podría vivir en ellos.
Claro que 95,000 dólares por un coche son demasiados para el salario de un periodista. Pero, ¿vale este coche tanto dinero?
Durante la semana que lo manejé, solía bromear con amigos que al conducir un auto normal, para los de otras comunidades étnicas no pasaba de ser otro indocumentado más (sin duda listo para ser deportado). Pero al verme al volante del Jaguar, de repente me trataban como a todo un caballero latino (o por lo menos me confundieron con un narcotraficante adinerado).
Sí. Yo sí le recomendaría a los latinos con los medios que se comprasen el XJ.
Más que poder presumirlo, el XJ es un coche que le permite a uno soñar. Por una semana me di el lujo de creerme algo más.
Imagínese esto: Yo, ¿un caballero? ¡Ah, qué bien suena eso!
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