El Sol De Yakima

Las crónicas de Yakima

Cortesia Disney

Vuelve la magia.
Las batallas. Narnia.
Una vez más Disney está a punto de estrenar en los cines una de las secuelas de Las Crónicas de Narnia, en su filme, El Príncipe Caspian. La película estará en los cine teatros locales a partir de este viernes.
El filme pasado, El León, La Bruja y el Guardarropas (2005), se convirtió en una de las películas más exitosas de todos los tiempos. Todos esperan que El Príncipe obtenga resultados similares.
Algo que tal vez pase desapercibido es que estos filmes están basados en los cuentos para niños del gran C.S. Lewis, el escritor inglés que fue amigo cercano de nada menos que J.R.R. Tolkien, el autor de El señor de los anillos. De hecho fue Tolkien, un devoto católico, quien convirtió a Lewis, quien una vez fue un ateo, al cristianismo.
Además de un escritor para niños, Lewis escribió novelas y libros que están entre lo mejor que se publicó en el siglo 20. Todas sus obras son recomendables, pero destacan Cartas del diablo a su sobrino, Esa horrible fuerza y La abolición del hombre, ésta última una advertencia de un futuro nefasto a la altura de obras clásicas como Un mundo feliz de Aldous Huxley y 1984 de George Orwell.
Pero volviendo a Narnia, en un cuento para niños, Lewis logró crear no sólo un mundo mítico, de fantasía, sino que con estas novelas (son varias secuelas) el autor luchó contra lo que él veía como uno de los peores males de nuestros tiempos: el totalitarismo (no solamente físico, sino mental, social, espiritual) y la deshumanización (véase el materialismo, el ver a los seres humanos como objetos etc).
Para los pocos que no habrán visto la primer película, Narnia comienza con los hermanos Perversie, dos niños y dos niñas, que durante la Segunda Guerra Mundial se van a vivir a la casa de campo de un pariente. Ahí, entran por accidente a un ropero que los lleva al nevado invierno de Narnia, otro mundo.
En Narnia los animales hablan, en un mundo dominado por la malévola Bruja Blanca. Ah, pero hay otro personaje que lucha contra la Bruja: El León Aslan.
Para aquellos que se fijaron bien en la primera película, no será difícil ver que Lewis pone a Aslan de forma alegórica como Jesucristo. Su sacrificio, muerte y resurrección tanto en el libro como en el filme no dejan duda.
De hecho, Peter Kreeft, un filósofo y escritor del Colegio de Boston, dice que en los cuentos de Narnia, Aslan es mucho más que una figura alegórica: Realmente es Jesucristo.
Ah, pero dice Kreeft, el Jesús (Aslan) de Narnia no es para nada como el Cristo moderno del que hemos venido escuchando en las últimas décadas. No es un hippie “nice”, ni un gurú o (¡Dios nos libre!) un psicólogo.
Para nada.
Cuando entran a Narnia, los niños Perversie conocen a Aslan (Jesús), y la reacción de ellos es que el León es “bueno y terrible”. Jumm.
“No es un gatito bonito”, dice Kreeft. “Tampoco es un león domesticado”.
Bueno y terrible…
“Cuando le cuento esto a mis estudiantes, es como si hubiesen entrado a otro mundo”, dice Kreeft. “Realmente lo hacen [entrar a otro mundo]”.
Concuerdo con Kreeft que la faceta que presenta Lewis sobre Jesús (Aslan) se me antoja como más veraz que muchas interpretaciones de hoy. Un Jesús gallardo, un caballero, un Aslan fiero y a la vez compasivo se me hace mucho más inspirador que, bueno, un hippie (no tengo nada contra los hippies, de hecho me encanta la música pop de los 60 pero como guías espirituales, pues ahí si no los sigo).
Pienso que en eso radica el éxito de los filmes de Narnia; Alientan a nuestros niños y jóvenes a vivir vidas heroicas. De alguna forma, les dan la armadura mental y espiritual para luchar la eterna batalla contra el mal, incluso cuando todo parece perdido.
Eso es verdaderamente lo que hace falta en mucha de la nueva literatura. Carecemos de cuentos y mitos que nos inspiren a buscar algo mejor, a luchar por la excelencia en todos los sentidos.
Lewis, un estudioso que admiraba las fábulas del Rey Arturo, obtuvo mucha influencia de los antiguos héroes de la mitología griega e inglesa. A nuestros chicos ya nada de eso se les enseña y por eso terminan admirando a personajes altamente dudosos o se conviertenen en réplicas de sus computadoras o todavía peor, en zombis drogados.
Por mi parte, pienso ir a ver al Príncipe Caspian este fin de semana. Sí, ya sé que disto mucho de ser un niño.
Pero, ¿no dijo alguien por ahí que debíamos ser como niños?

• Joseph Treviño es el editor de El Sol de Yakima. Su columna, Cuentos del Asfalto, aparece semanalmente. Este artículo de análisis es parte de su columna.

Comments

One Response to “Las crónicas de Yakima”

  1. Bertha Espana on May 13th, 2008 6:49 pm

    Soplo quiero decirle que admiro mucho su forma critica de escribir, realmente me he sentido identificada con sus comentarios, gracias por proyectar su pensamiento en el periodico, creo que hacerlo de esa manera no solo nos permite identificarnos sino tambien reflexionar sobre las cosas y hechos a nuestro derredor. Gracias por sus notas lo felicito.

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