May 21, 2008
By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima
El crossover CX-9 de Mazda cuenta con esa ligereza que caracteriza a los coches de esa empresa.
Joseph Treviño
El Sol de Yakima
Reseña
Debo admitir que me sorprendió.
Sí, el relativamente nuevo crossover de Mazda, el CX-9, viene con una muy buena reputación entre la prensa que se dedica a cubrir coches. Motor Trend, la revista, le concedió el premio de “Mejor SUV” del año para el 2008.
Aún así, pensé que tal vez este sería uno de esos casos en los que suele ser mucho ruido y pocas nueces. Me equivoqué.
Para aclarar algo, debo confesar que soy el dueño de un coche Mazda, pero eso sí, el MX-5, el pequeño carrito deportivo que es justamente considerado quizás el mejor Roadster (un convertible de dos asientos) de todos los tiempos. Conozco la empresa Mazda y sus vehículos, pero no quiere decir que, aparte del mencionado Miata, los demás me seduzcan.
Sin embargo, el CX-9 me impresionó. Y no sólo a mí, sino también a mi esposa, quien no tiene a Mazda como su santo de devoción.
Y es que creo que por el precio el CX-9 ofrece mucho de todo. De todo.
Para empezar, sí, Mazda ha logrado transmitir su patentado manejo y estilo deportivo a este crossover que no es para nada pequeño. De hecho, con tracción en las cuatro ruedas (AWD), el CX-9 pesa 4,528 libras.
Mazda le dio al CX-9 el perfil que le suele dar a sus demás vehículos. Tiene un rostro que se le parece un tanto al MX-5 Miata, y eso es bueno.
Sin embargo, no hay manera de ocultar tanto peso. Este es un coche grande con cabida para siete personas (aunque los dos últimos asientos traseros son más bien para niños), por lo que tiene el grosor de sus hermanos, el Ford Edge y el Lincoln MKX, con los que comparte su plataforma.
Sin embargo, con su motor de 3.7 de 273 caballos de fuerza, la versión del 2008 es más poderosa que la CX-9 del año anterior. Los técnicos calibraron mejor el chasis y le movieron aquí y allá, haciendo de este modelo todavía algo mejor que el anterior.
El resultado es que pese a que se mira como un crossover con sobrepeso, el CX-9 tiene la ligereza del bailarín Israel Aquino (¿se acuerdan de él?) el gordito que fue pareja de Alessandra Rossaldo, quienes terminaron ganando la segunda temporada de Bailando por un sueño.
Pero a diferencia del pobre Israel, el CX-9 nunca se queda sin respiración, pues con su caja automática de seis velocidades me demostró que por la autopista 82 rumbo a Sunnyside, este crossover era capaz de pasar a cualquier coche sin el menor esfuerzo.
Y el CX-9 no sólo brilló en la carretera, sino también en las calles de Yakima. Su ligereza en dar vueltas, su forma de apegarse al asfalto y sus buenos frenos hacen que este vehículo sea un verdadero placer manejarlo.
Algo bueno que hicieron los de Mazda con este crossover es que además de ligero lo fabricaron cómodo. Por desgracia, la comodidad casi siempre sale perdiendo con coches que son más deportivos.
Con la excepción de los últimos dos asientos, los cuales se pueden inclinar para dejar más espacio de cajuela, los primeros dos surcos son muy placenteros.
El interior también es de buen gusto, con sus franjas de madera, su plástico oscuro. Otro atractivo son los indicadores de millaje y temperatura, los cuales emites fulgores con colores brillantes azules y rojos, como una de esas discotecas (ahora les llaman clubs) de los ochentas.
Pienso que el CX-9 debería estar bajo consideración de todo aquel que busque un vehículo familiar, pues gasta menos gas que muchos SUV y cuenta con muchas comodidades de lujo que lo hacen ver como un vehículo mucho más caro de lo que es.
Y creo que de eso se trata, ¿no?
Got something to say?