Cuentos del asfalto: Los perros de la guerra
July 22, 2008
By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima
Cuentos del asfalto
El mejor amigo del hombre es el centro de una polémica en Wapato.
“Grita ¡Devastación! y suelta a los perros de la guerra”- Shakespeare, Julio César .
Siempre he creído en la nobleza de los perros.
Pese a que los gatos fueron mis mascotas favoritas (no puedo tenerlos en casa, pues mi esposa sufre de alergia), hay algo en los perros que me agrada. En nuestro hogar en Yakima tenemos “La Pirruñis” (juro que no fui yo el que le dio, ese nombre; fue mi mujer), un perrito miniatura que seguro que uno de sus ancestros fue un Rottweiler.
Lo que me trae al tema de Wapato y su prohibición de mastines y razas perrunas como Pit Bulls y Rottweilers. El pasado 18 de junio el Concejo de esa ciudad aprobó una ley que prohibirá que los residentes tengan a tales canes.
Tal acción fue tomada después de que tan sólo en los pasados cinco meses, agentes del orden tuvieron que acribillar a cinco perros peligrosos. La ley entrará en efecto el primero de agosto.
Algunos dueños de perros en Wapato se quejan de que la ley es injusta, ya que alegan que tanto los perros buenos como sus dueños pagarán por los desmanes de los perros malos y sus dueños, quienes no amaestraron bien a sus canes.
Por otro lado, otros, incluyendo la sección editorial del Yakima Herald-Republic, diario hermano de El Sol, dicen que la ley no toma en cuenta el hecho que en Wapato no se tienen los recursos como un Departamento de Control de Animales para aplicar tal ley. Agregan que incluso en ciudades como Yakima y Moxee, las cuales tienen ya leyes similares, no han surtido el efecto deseado.
¿Ya mencioné que siempre me han gustado los perros?
De pequeño, recuerdo que los sábados por la mañana a mediados de los setenta solía ver series televisivas como Corre, Joe corre, un pastor alemán entrenado en la sección canina del ejercito. “Joe”, según la serie, fue falsamente acusado de atacar a su amo, por lo que el perro se escapa antes de que lo maten.
Durante dos series, del 74 al 76, cada semana se podía ver a Joe haciendo actos heroicos al salvar a todo tipo de gente en su travesía solitaria por los caminos de los Estados Unidos. En la segunda temporada un trotamundos bonachón acompaña a Joe.
Pero Hollywood o las películas no todo el tiempo presentan al mejor amigo del hombre como a Joe. ¿Quién no sintió escalofríos ante el Rottweiler que salió en las películas de La Profecía (The Omen), donde el Damien, el Anticristo lo usa como cancerbero del averno para sus fines macabros?
Ya, ya puedo escuchar las protestas de los amantes de los perros ante la mención de los Rottweiler y La Profecía. Luego está “Cofi”, el dogo estrella de Amores Perros (otro Rottweiler).
Pero más allá de la ficción, está la cruda realidad. Durante los noventas, los Rottweiler superaron incluso a los Pit Bull como la raza canina que más muertes causaron a la raza humana.
Recuerdo que como reportero de policiaca para La Opinión y el Los Angeles Times, me tocó cubrir varias de esas tristes tragedias. Me viene a la mente un caso realmente pavoroso que cubrí en Los Ángeles en el que el Pit Bull de una familia mató a un niño de dos años de edad que fue dejado solo con el bebé.
Creo que no es descabellado pensar que la influencia que han dejado grupos y dueños que se especializan en perros de peleas dejan en estos pobres mastines un sabor a violencia y sangre que es difícil de quitar. El Pit Bull, en particular, sigue siendo el perro predilecto para el uso de estos baños de sangre clandestinos.
Como reportero, he visto de cerca lo que puede hacer un mastín violento que no ha sido amaestrado para respetar a inocentes. Siglos entrenando a estos perros como máquinas de matar no se pueden remediar con solo buenas intenciones.
Hace falta más, mucho más. Una parte de estos pobres animales han sido criados para fines nefastos y lamentablemente, una condición así no se cura de la noche a la mañana
Entiendo que en una sociedad como la de los Estados Unidos, en la que se alienta a los hijos para que abandonen pronto el hogar, en la que los inmigrantes aprendemos de los nativos cómo abandonar a nuestros padres en un asilo cuando ya se nos vuelven molestosos, pues queremos suplantar esa falta de amor con los perros.
Es una especie de antropomorfia, es decir, le damos características humanas a algo que no es. En este caso a los perros.
Creo que pocos podemos dudar de la contribución que hacen las razas caninas a la humanidad. Desde perros protectores en los cuerpos policiacos, hasta aquellos que cuidaban las ovejas y el ganado.
Creo que los ciegos o aquellos que han perdido la vista nos podrían decir mucho sobre sus perros lazarillos, quienes les facilitan y endulzan un poco sus duras existencias. Conozco a un periodista que carece de la vista que hace su trabajo con la ayuda de un perro lazarillo; sin el can obediente, inteligente, el periodista quizás no tendría forma de sustentarse.
Luego, por supuesto, está el trabajo de los perros San Bernardos o los canes de rescate. Tales animales han demostrado que valen su peso en oro.
Pero, dado a los recientes ataques de perros fuera de control, pienso que en este tema debe dominar la razón y no un sentimentalismo que puede tornarse peligroso (sino lo cree, pregúnteselo a las personas que han perdido a niños pequeños a causa de un ataque por un mastín). Por lo que concuerdo con el Concejo de Wapato en que deben prohibirse estas razas dentro de los límites de la ciudad.
Pero incluso así, creo que el Concejo fue sabio al decidir que los dueños de los mastines pueden quedarse con ellos si un entrenador certificado por la agencia que se dedica a registrar perros, la American Kennel Club, dictamina que el perro no es violento y puede convivir bien con la gente y otros canes.
Sí, sigo creyendo que un perro puede ser noble como el pastor alemán de Corre, Joe Corre. Ah, pero salvo unos cuantos dólares, no perdemos mucho si nos cercioramos que nuestros dogos están bien.
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