Suzuki SX4 Crossover: Un sexy milusos
July 29, 2008
CALLES DE FUEGO
El SX4 Crossover de Suzuki es económico y con un buen sistema AWD, se ríe de la nieve.
Reseña
Lo entiendo.
Sí. Comprendo.
Los precios altos de combustible lo tienen de malhumor. Me dice que quiere un coche económico, confiable, bueno, que no gaste mucho gas. Además, como vivimos en el Pacífico Noroeste, quisiera que su carro fuese bueno para andar en la nieve durante el invierno, uno que no lo deje preocupado por si usted o su cónyuge tiene que salir durante una noche helada en medio de una tormenta.
Ah, y me dice que lo quiere a un precio bastante módico.
Que sea nuevo y que no desea pagar por él más de, digamos unos 17 mil dólares, para que los pagos le queden bajos.
Aparte, le gustaría que la garantía durara por muchos, pero muchos años. Seguro que espera que le diga que está usted soñando, ¿verdad?
Pues no. Realmente existe ese coche.
Sin más preámbulos, se trata del Suzuki SX4 Crossover del 2008. Y permítame decirle que tiene todo lo que me pidió y más, mucho más.
El SX4 Crossover (al que no hay que confundirlo con el SX4 Sedán que reseñamos hace algunos meses) es, de hecho el auto equipado con tracción en las cuatro ruedas (AWD) más barato en todo el país. También es uno de los coches más populares en Europa.
Con un motor de cuatro cilindros y 143 caballos de fuerza, el Crossover cuenta con cinco cambios manuales (fue la versión que manejé por una semana en Yakima) y con una versión de transmisión automática de cuatro cambios.
Sin embargo, el Crossover no es perfecto. De hecho, cuenta con lo que podrían considerarse como limitaciones.
El coche es pequeño, pero pesa 2885 libras (debido a que tiene el sistema AWD, lo que lo hace más pesado), por lo que lo hace un tanto más lento que otros carros de su tamaño. El Crossover consigue llegar de 0 a 60 millas en 9 segundos, lo que no está mal, pero tampoco no lo hará que gane una carrera.
Un mensaje para Suzuki: Por favor pónganle al Crossover un cambio más, ya que con sólo cinco velocidades, el coche empieza a renegar al llegar a las 70 millas. Un cambio más solucionaría eso.
Luego está el uso del combustible. A todas luces 28 millas por galón en la autopista y 21 en la calle no está nada mal para el Crossover, pero el Ford Focus, el Toyota Yaris y el Chevrolet Aveo dan más millas por galón.
O sea que el Crossover está rodeado de excelentes rivales que en tiempos como estos, mucha gente se siente tentada a comprarlos dado a lo económicos que son en las gasolineras.
Parecería que en medio de tanta competencia, el Crossover no tiene mucho que hacer.
No señor.
Los rivales, todos cochecitos muy buenos y con muchas virtudes, no tienen el as que ostenta el Crossover: Su excelente sistema AWD. En inviernos como el pasado, el Crossover resulta el rey.
Tal sistema viene en tres velocidades. Con sólo oprimir un botón, puede uno quitar el AWD, para así economizar gas.
Oprimiendo el mismo botón, el coche lanza tracción a las cuatro ruedas, por lo que en el hielo o nieve, el Suzuki baile sobre el elemento blanco como un bailarín de ballet.
Y la tercera opción del botón hace que el Crossover entre en tracción total a baja velocidad, convirtiéndose en un pequeño jeep, capaz de sacarlo a uno de la nieve o bache.
Y luego está el interior, el cual no ganará ninguna competencia de belleza, pero es cómodo y espacioso. Puede resultar bien para uso diario o para un viaje largo.
Pero es el exterior lo que hace que el Crossover se destaque de sus rivales. Es sin duda el coche más sexy de la marca Suzuki.
Además, los asientos son altos, por lo que pese ser pequeño, el Crossover da la impresión de estar en un SUV. Aparte, es muy divertido manejarlo.
En las calles de Yakima nunca sentí que me quedaba atrás en el tráfico de la ciudad, ya que alcanza con rapidez las 30 millas. No se siente pesado.
Sí, me gustó el Crossover. Me agradó mucho.
Es un vehículo excelente para una familia que no quiere gastar mucho en un coche con AWD o para unos padres que quieran regalarle a un hijo un carro seguro y económico, que minimizará las probabilidades de que le hable de un lugar porque se atoró en la nieve.
Luego está la garantía de siete años o 100 mil millas que también es transferible, lo que asegura no tener preocupaciones por ese tiempo y que el coche mantenga su valor.
Sí, el Crossover da mucho valor por tan poco precio.
Suzuki dio en el clavo.
Systems West derrota a Río Verde
July 29, 2008
EL SOL DE YAKIMA
Fue un duelo.
Ambos equipos, Systems West y Río Verde el domingo iban con una sola meta: la victoria.
Sin embargo, fue Systems West quien se impuso sobre Río Verde, quien cuenta con Héctor Vega, el director técnico del los Yakima Reds, a escuadra semi profesional de la ciudad.
Systems West le ganó 2-1 a Río Verde, pese a que los segundos dominaron en la cancha del parque Chesterley.
El partido fue parte de Fiesta Foods Liga Mexicana, la cual sigue su marcha candente por el Valle de Yakima. Cada vez más se acerca la final del torneo, la cual está prevista para fines de septiembre o principios de octubre.
Cuentos del asfalto: Los cangrejos latinos
July 29, 2008
Tan importante como su labor, las virtudes de los latinos le hacen un gran bien al Valle de Yakima, pero un defecto que podemos dejar a un lado es la envidia entre hispanos.
Cuentos del asfalto
Sin duda que ya se sabe esta historia.
Va más o menos así:
Dos hombres no latinos (llene usted aquí con su raza, grupo o etnia favorita no latina) observan un balde destapado, lleno de cangrejos, y uno le dice al otro:
-Hey, cuidado, esos cangrejos están subiendo al borde y se van a salir.
El otro, con una risita le dice:
-No te preocupes, son cangrejos latinos. ¿Qué no vez que cuando uno quiere escalar la cima, siempre hay otro que lo jala hacia abajo? Nunca saldrán de ahí; son cangrejos latinos.
Cangrejos…
Sí, es cierto que los latinos no tenemos un monopolio ante tan feo vicio, pero que nos destacamos por envidiosos, pues creo que eso sí nadie lo pone en tela de juicio. Pues que quede claro; es un vicio.
De hecho, creo que durante esta época de elecciones saldrá más a flote que comúnmente. Ya se empieza a ver en el ámbito político.
Especialmente entre republicanos y demócratas, entre liberales y conservadores y, por qué no admitirlo, hasta entre los mismos latinos de varios países y etnias.
Por un lado sin duda que los republicanos latinos se sentirán tentados de envidiar a los demócratas y su éxito con el voto latino, pues las encuestas demuestran que probablemente los hispanos votaran en su mayoría por Barack Obama, el presunto aspirante demócrata a la Casa Blanca.
Pero si bien, los demócratas aparentemente llevan la delantera a los republicanos con el voto latino, quizás los del partido del asno se vean tentados a envidiar a los del partido del elefante en una gama de temas morales. Por supuesto que cuando se trata del tema de la inmigración, supuestamente (ojo, dije supuestamente) los demócratas actúan más a favor por los indocumentados que los republicanos (aunque creo que esto es sumamente debatible).
Pero fuera de ahí, tal vez los demócratas se den cuenta que en temas morales, pues los republicanos (presuntamente) les llevan la delantera. Digo esto porque en esta época electoral, creo percibir que tales temas morales hacen correr de cualquier debate a los demócratas.
Y para denotar lo importante que son para la comunidad latina, bastaría recordarle, estimado lector, que fueron precisamente los temas morales los que llevaron hace cuatro años a que más de un 40 por ciento de los latinos votaran a favor de George W. Bush.
Pero más allá de la política (algunos activistas piensan que la política es todo lo que hay en la vida, cosa que el resto de nosotros sabemos que tal pensamiento no es cierto), está la cultura latina.
En muchas columnas y presentaciones, especialmente en la siempre laudable emisora de Radio KDNA (tengo el honor de ser invitado todos los miércoles a las 8 a.m. para hablar sobre las noticias y para brindar comentarios periodísticos al lado del señor Francisco Ríos, director de noticias de tan venerable radiodifusora) he alabado las virtudes que traen los inmigrantes latinos a esta gran nación. Tales virtudes no sólo complementan, sino probablemente sean más importantes que el arduo trabajo que hacen los inmigrantes; amen de su su estilo de vida, su manera de ver la vida, su espiritualidad.
Pero creo que al llegar a este país se acrecienta todavía más lo que quizás sea nuestro mayor defecto: la envidia.
¿A qué hispano no le han detractado otros latinos en su carrera laboral, su trabajo o sus estudios? Incluso dentro de las mismas iglesias y templos, todos tenemos experiencias con otros latinos que por envidia hacen hasta lo imposible para que otros no avancen.
Ah, creo que el cuento de los cangrejos es, por desgracia, cierto. ¿Qué no?
Tengo algo que confesar: Yo también he sucumbido a la envidia. Mea culpa.
Y creo que no digo nada nuevo al enfatizar que al envidiar el éxito, los bienes o la felicidad de otro, lo único que uno hace es hacerse daño. Lo digo por experiencia.
Peter Kreeft, un autor de muchos libros -todos recomendables- y profesor de filosofía de Boston College dice que de todos los pecados capitales, “la envidia es el único que no le da al pecador placer alguno, ni siquiera la falsa satisfacción temporal, de, digamos, la gula o la lujuria”.
Sí, nosotros, los cangrejos que estamos en la parte baja del balde, no nos trae mucho agrado al tumbar al cangrejo hermano que está a punto de salir del balde, pero que por nuestras acciones termina de nuevo en el fondo.
“Nos declaramos miembros de un mismo organismo, sin embargo nos devoramos los unos a los otros como unas bestias”, escribió San Juan Crisóstomo sobre la envidia.
Solía decir Kaliman, El Hombre Increíble de las historietas mexicanas que “la venganza es mala consejera”. A eso le podemos añadir la envidia.
No, no tengo muchas esperanzas de que durante estas próximas elecciones los latinos de ambos partidos no se rebajen a la manipulación de los sentimientos como medio para obtener votos.
Pero le tengo más fe al pueblo latino en general.
¿Hemos sido cangrejos? Quizás.
Pero no tenemos porque seguir arrastrando hacia abajo al latino que va escalando.
• Joseph Treviño es el editor de El Sol de Yakima. Su columna, Cuentos del Asfalto, aparece semanalmente. Este artículo de análisis es parte de su columna.
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