Cuentos del asfalto: Los cangrejos latinos

July 29, 2008

By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima


Tan importante como su labor, las virtudes de los latinos le hacen un gran bien al Valle de Yakima, pero un defecto que podemos dejar a un lado es la envidia entre hispanos.

Cuentos del asfalto

Sin duda que ya se sabe esta historia.
Va más o menos así:
Dos hombres no latinos (llene usted aquí con su raza, grupo o etnia favorita no latina) observan un balde destapado, lleno de cangrejos, y uno le dice al otro:
-Hey, cuidado, esos cangrejos están subiendo al borde y se van a salir.
El otro, con una risita le dice:
-No te preocupes, son cangrejos latinos. ¿Qué no vez que cuando uno quiere escalar la cima, siempre hay otro que lo jala hacia abajo? Nunca saldrán de ahí; son cangrejos latinos.
Cangrejos…
Sí, es cierto que los latinos no tenemos un monopolio ante tan feo vicio, pero que nos destacamos por envidiosos, pues creo que eso sí nadie lo pone en tela de juicio. Pues que quede claro; es un vicio.
De hecho, creo que durante esta época de elecciones saldrá más a flote que comúnmente. Ya se empieza a ver en el ámbito político.
Especialmente entre republicanos y demócratas, entre liberales y conservadores y, por qué no admitirlo, hasta entre los mismos latinos de varios países y etnias.
Por un lado sin duda que los republicanos latinos se sentirán tentados de envidiar a los demócratas y su éxito con el voto latino, pues las encuestas demuestran que probablemente los hispanos votaran en su mayoría por Barack Obama, el presunto aspirante demócrata a la Casa Blanca.
Pero si bien, los demócratas aparentemente llevan la delantera a los republicanos con el voto latino, quizás los del partido del asno se vean tentados a envidiar a los del partido del elefante en una gama de temas morales. Por supuesto que cuando se trata del tema de la inmigración, supuestamente (ojo, dije supuestamente) los demócratas actúan más a favor por los indocumentados que los republicanos (aunque creo que esto es sumamente debatible).
Pero fuera de ahí, tal vez los demócratas se den cuenta que en temas morales, pues los republicanos (presuntamente) les llevan la delantera. Digo esto porque en esta época electoral, creo percibir que tales temas morales hacen correr de cualquier debate a los demócratas.
Y para denotar lo importante que son para la comunidad latina, bastaría recordarle, estimado lector, que fueron precisamente los temas morales los que llevaron hace cuatro años a que más de un 40 por ciento de los latinos votaran a favor de George W. Bush.
Pero más allá de la política (algunos activistas piensan que la política es todo lo que hay en la vida, cosa que el resto de nosotros sabemos que tal pensamiento no es cierto), está la cultura latina.
En muchas columnas y presentaciones, especialmente en la siempre laudable emisora de Radio KDNA (tengo el honor de ser invitado todos los miércoles a las 8 a.m. para hablar sobre las noticias y para brindar comentarios periodísticos al lado del señor Francisco Ríos, director de noticias de tan venerable radiodifusora) he alabado las virtudes que traen los inmigrantes latinos a esta gran nación. Tales virtudes no sólo complementan, sino probablemente sean más importantes que el arduo trabajo que hacen los inmigrantes; amen de su su estilo de vida, su manera de ver la vida, su espiritualidad.
Pero creo que al llegar a este país se acrecienta todavía más lo que quizás sea nuestro mayor defecto: la envidia.
¿A qué hispano no le han detractado otros latinos en su carrera laboral, su trabajo o sus estudios? Incluso dentro de las mismas iglesias y templos, todos tenemos experiencias con otros latinos que por envidia hacen hasta lo imposible para que otros no avancen.
Ah, creo que el cuento de los cangrejos es, por desgracia, cierto. ¿Qué no?
Tengo algo que confesar: Yo también he sucumbido a la envidia. Mea culpa.
Y creo que no digo nada nuevo al enfatizar que al envidiar el éxito, los bienes o la felicidad de otro, lo único que uno hace es hacerse daño. Lo digo por experiencia.
Peter Kreeft, un autor de muchos libros -todos recomendables- y profesor de filosofía de Boston College dice que de todos los pecados capitales, “la envidia es el único que no le da al pecador placer alguno, ni siquiera la falsa satisfacción temporal, de, digamos, la gula o la lujuria”.
Sí, nosotros, los cangrejos que estamos en la parte baja del balde, no nos trae mucho agrado al tumbar al cangrejo hermano que está a punto de salir del balde, pero que por nuestras acciones termina de nuevo en el fondo.
“Nos declaramos miembros de un mismo organismo, sin embargo nos devoramos los unos a los otros como unas bestias”, escribió San Juan Crisóstomo sobre la envidia.
Solía decir Kaliman, El Hombre Increíble de las historietas mexicanas que “la venganza es mala consejera”. A eso le podemos añadir la envidia.
No, no tengo muchas esperanzas de que durante estas próximas elecciones los latinos de ambos partidos no se rebajen a la manipulación de los sentimientos como medio para obtener votos.
Pero le tengo más fe al pueblo latino en general.
¿Hemos sido cangrejos? Quizás.
Pero no tenemos porque seguir arrastrando hacia abajo al latino que va escalando.

• Joseph Treviño es el editor de El Sol de Yakima. Su columna, Cuentos del Asfalto, aparece semanalmente. Este artículo de análisis es parte de su columna.

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