Cuentos del asfalto: Un quántum de consuelo

September 16, 2008

By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima


La nueva película de James Bond promete ser todo un éxito, pero el extraño cuento de amor en la que está basada tiene un mensaje hecho para los latinos de Yakima.

Cuentos del asfalto

Es quizás el más extraño de todos los cuentos y novelas de James Bond.
Pero creo que es el mejor.
Hablo de Quantum of Solace (Un quántum de consuelo), título de un cuento corto de Ian Fleming, creador del agente británico de ficción, James Bond. También es el nombre de la nueva película que protagonizará Dan Craig y que está prevista a estrenarse en los cines el 14 de noviembre.
Tal vez me esté adelantado un tanto a la película, pero creo que con todo el ajetreo de su estreno todos nos vamos a olvidar profundizar en el cuento de Fleming. Y eso sería una pena.
Recuerdo haber leído Quantum of Solace de adolescente (he de haber tenido unos 12 años de edad). En ese entonces el personaje de James Bond, como a muchos otros chicos, era como el modelo a seguir.
Sobra decir que los apuros y acción del personaje, sus aventuras y su éxito con las damas era la vida que todo adolescente soñaba vivir.
Además de los filmes de 007 leía las novelas de Fleming (en ese entonces el actor que interpretaba a Bond era Roger Moore, el mismo que antes protagonizó la serie televisiva The Saint (El Santo). Dentro de su género todas eran muy buenas.
Luego me topé con For Your Eyes Only (Sólo para tus ojos), una colección de cuentos cortos de Fleming. En ella estaba Quantum of Solace.
Me dejó pasmado.
Acostumbrado a la acción y aventuras de las novelas Bond, ‘Quantum’ era realmente una historia de amor.
Además, aunque aparece en el cuento, James Bond realmente no es el protagonista, sino un personaje menor.
Mas primero, un poco de historia. ‘Quantum’ fue publicada por vez primera en Modern Woman Magazine en 1959, después de que Fleming se había hartado de escribir novelas Bond y quería hacer algo más. El escritor, quien ya era famoso, estaba pasando por una mala racha en su vida personal; su matrimonio fue turbulento, aparte de ser asolado por la infidelidad y etapas de enfriamiento.
¿Qué hacer? Escribir Un quántum de consuelo.
El título, de forma bizarra, se refiere a la medida matemática del amor.
En el cuento, Bond se encuentra en las Bahamas asistiendo a una cena ofrecida en la mansión del gobernador, donde el veterano político le cuenta una historia a Bond sobre Masters, quien se casó con una azafata (en aquel entonces las aerolíneas escogían a las aeromozas por asemejarse a modelos y parecer edecanes).
Para hacer conversación en una situación aburrida, Bond le dice al gobernador, “siempre he pensado que si alguna vez me casara me casaría con una aeromoza”.
El matrimonio del que hablaba el gobernador, el de Masters, un burócrata del servicio extranjero británico, fue bien durante los primeros seis meses. Luego la esposa, Rhoda, comenzó una aventura pública con el junior de la isla.
Masters, quien hasta ese entonces había sido un inocente en el campo del amor, queda devastado. Mientras tanto, a Rhoda no le importaba ponerle los cuernos más grandes jamás vistos en las Bahamas.
Es en este punto en el que el gobernador le explica a Bond su teoría sobre el quántum de consuelo.
“Tú no eres casado”, le dice el gobernador a Bond. “Pero creo que es lo mismo con todas las relaciones entre un hombre y una mujer. Pueden sobrevivir lo que sea mientras exista algún tipo de humanidad básica entre las dos personas. Cuando se va toda amabilidad, cuando una persona obviamente y sinceramente no le importa si la otra está viva o muerta, entonces no sirve. Ese particular insulto al ego -todavía peor, al instinto de auto preservación- nunca puede ser perdonado.
Dice: “Yo la llamo la ley de un Quántum de Consuelo”.
Bond, un conocedor del amor, entiende perfectamente al gobernador. Cuando matemáticamente el consuelo mutuo baja de un cierto punto, 007 reflexiona, “tienes que alejarte para salvarte… cuando la otra persona no sólo te hace sentir totalmente inseguro sino que actualmente parece querer destruirte”.
Masters se va por seis meses.
Pero al regresar, parece que vuelve otro hombre. Lejos de ser el varón inocente, dispuesto a complacer el más mínimo de los caprichos de su esposa, retorna un ser frío, distante.
Lo primero que le muestra a Rhoda son los planos de la casa, la cual divide entre ambos con órdenes de no hablarse jamás en privado, pese a las súplicas de su mujer (quien a su vez fue abandonada por su amante). Por un año la pareja tramita el divorcio sin que nadie lo sepa y por ese mismo tiempo, cortesía de Masters, no intercambian palabra alguna.
Ahora que ya sabemos que Fleming, el autor, se inspiró en este cuento en su mismo matrimonio, puede uno entender que más que la vida de acción y aventuras de Bond, vertió todo de sí en Quantum of Solace. Era tal vez, su forma de vengar la infidelidad que le habían cometido.
Masters y Rhoda terminan divorciándose. Él desaparece de su vida para siempre y termina en Nigeria, el único lugar en el mundo donde pudo encontrar el afecto humano, entre africanos de color.
Por su parte Rhoda pasa mucho tiempo siendo la paria de las Bahamas, pues toda la gran sociedad se enteró de su adulterio y para poder sobrevivir por poco termina como prostituta (en aquel entonces la infidelidad era muy mal vista, no como ahora que muchos -hombres y mujeres- se jactan de sus deslices y hasta cuentan con terapeutas que los defiendan).
No les platico lo que pasó después, ya que con la salida del filme, volvera a publicarse el Quantum of Solace y no me gustaría echarles a perder el final. Con el tiempo ha resultado ser una de las obras maestras de Fleming, por lo que animo a todos que lean este cuento corto.
Aquí en el Valle de Yakima, donde muchos de nosotros estamos tan lejos de nuestro lugar de origen, sin duda se dan muchos casos como los del cuento de Fleming. Es triste pensar que luchamos tanto para llegar aquí, sólo para terminar perdidos en este nuevo mundo, con sus costumbres que nos alientan a dejar a aquel ser que escogimos entre todos los hombres y mujeres del mundo, jurándole fidelidad.
Me gustaría que todos fuésemos lo más amorosos con nuestros cónyuges. Pero si no puede ser así, que por lo menos, como escribió Fleming, que haya un Quántum de Consuelo.

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