El Sol De Yakima

Cuentos del asfalto: Yakima de mis amores

Un reciente viaje a Los Ángeles hace que el autor realice que en verdad esta enamorado del Valle.

Cuentos del asfalto

Tenia apenas dos días en Los Ángeles, pero ya quería volver.
A Yakima.
Hace un par de semanas mi esposa y yo manejamos un imponente Honda Accord Coupe, el que tiene el motor de 271 caballos de fuerza, rumbo a Los Ángeles, ciudad en la que crecí.
Reseñaré tan magnifico coche luego en mi columna de autos, Calles de fuego, pero basta decir que es una máquina admirable, un corcel brioso de metal que es un deleite conducir.
Pero volviendo al tema, conducimos a Los Ángeles con el fin de ver de nuevo a mis dos hijas y a mis padres y hermana. Tenemos una propiedad en esa ciudad también, la cual alquilamos a una pareja.
Hasta que llegué a Yakima hace un año y medio, la ciudad de Los Ángeles -con un breve espacio de los tres años que dí mi servicio militar a finales de los 80 y principios de los 90- había sido el lugar donde he vivido desde los nueve años de edad.
Como toda gran metrópolis, Los Ángeles define la acción. El frenesí y la vorágine urbana la llaman hogar.
Luego está el hecho que Los Ángeles, con la industria de Hollywood y su infinidad de salas de conciertos y bares es la capital del entretenimiento del mundo. Y también, por desgracia, es una de las capitales del crimen.
Incontables personas de todos lados arriban a Los Ángeles con el fin de querer comerse al mundo. El bulevar de los sueños rotos no es un mito en Hollywood.
Sin embargo, mi antigua ciudad sigue atrayendo a números incalculables cada año con su canto de sirena.
Pero bastaron dos días para que me entrara el deseo de volver a Yakima.
Para empezar, está esa ansiedad que es característica de Los Ángeles. Todos andan al tope, no importa cual sea su actividad.
Y esto se ve reflejado más que nada en el trafico. He escuchado que algunos se quejan del congestionamiento de tránsito en Yakima.
No saben lo que dicen.
Pero el congestionamiento realmente no es lo peor, sino su subproducto: road rage o “furia de la carretera”.
En Los Ángeles hay pocos conductores contentos. De hecho, dudo que existan.
Tal parece que todo motorista está más que dispuesto a convertirse en un energúmeno ante la más mínima provocación. Insultos, gritos, peleas… todo se vale en ese mundo enloquecedor.
Es capaz de acabar con la paciencia del más santo.
Para el segundo día ya me había vuelto de nuevo un nativo. Era como haber incursionado al corazón oscuro de la urbe y me había convertido en un salvaje.
Como todo angelino, estaba más que dispuesto a salir del coche y liarme a puñetazos ante la más mínima provocación.
Comencé a añorar al Valle de Yakima.
Sí, entiendo y sé que el Valle tiene sus defectos. Dista mucho de ser perfecto.
Ah, pero como me dijeron algunos al llegar a Yakima, el Valle es un lugar del que uno termina enamorándose.
Carece de un congestionamiento de tráfico enardecedor, y eso es una verdadera bendición. Luego están sus caminos tan hermosos, su civismo y respeto que es prácticamente inexistente en Los Ángeles.
Nadie disputa el hecho que mi antigua ciudad es una de las más impresionantes del mundo. Pero es, como escribió Joaquín Sabina, “una amante de lujo que siempre quise seducir”.
Pero sabemos que por más que intentemos, esa amante de lujo siempre terminará por hacernos la vida pesada… antes de abandonarnos por otro.
En cambio Yakima es como esas novias de rancho que con su olor a tierra mojada, sus virtudes y, por supuesto, su belleza sencilla, acaban por ser mucho mejor que la amante sofisticada pero efímera de la ciudad.
Sí, tras unos cuantos días en Los Ángeles, me moría por volver a Yakima.

Joseph Treviño es el editor de El Sol de Yakima. Su columna, Cuentos del Asfalto, aparece semanalmente. Este artículo es parte de su columna. También puede escuchar sus comentarios sobre las noticias actuales todos los miércoles como invitado del programa de Francisco Ríos, director de noticias de Radio KDNA a las 8 a.m. en el 91.9 F.M. Además, Radio KDNA ofrece su programa de noticias todos los días a las 8 a.m., 11:45 a.m. y a las 6 p.m.

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