Norias peligrosas, parte 2: Nadie se hace responsable

October 21, 2008

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En esta segunda parte de la serie de investigación “Norias peligrosas”, las pesquisas muestran cómo ninguna agencia gubernamental puede o quiere hacerse cargo de los pozos de agua contaminados del Valle Bajo.

LEAH BETH WARD

EL SOL DE YAKIMA

SUNNYSIDE.-Después de varios años de luchas con diarrea, dolores de cabeza y mareos generales, Marci Ogden comenzó a pensar que su problema podría ser su agua de noria.
Cuando una muestra de su noria en el 2005 reveló que tenía bacteria de bovina, sus sospechas se tornaron sobre una pequeña laguna que fue construida años atrás para recolectar desagues de un campo de maíz cercano, el cual fue rociado con abono líquido.
Al tratar de resolver el problema, Ogden se embarcó en una odisea de 18 meses que le dio una experiencia de primera mano en lo que es la burocracia gubernamental y le demostró cómo aquellos que son responsables por mantener limpia el agua de tierra pueden no llevar a cabo sus deberes. Documentos públicos muestran que varias agencias de gobierno no podían – o no lo hacían- ayudar.
“Nadie se hizo responsable. Fui pasando de un lado a otro”, dijo Ogden.
A diferencia de otros residentes rurales del Valle Bajo, Ogden fue afortunada en varios puntos: sabía como quejarse por mucho tiempo y de forma ruidosa con los funcionarios gubernamentales, y tuvo los recursos para excavar una noria más profunda en su casa.
Ogden, quien es una mesera de parte de tiempo y contadora, y su hija adolescente pudieron mudarse a Ellensburg. Su casa de un piso sobre cinco acres justo al norte de Sunnyside está alquilada y de venta.
Tales opciones no están disponibles a otros en esa región asoleada por los retos de la pobreza, la barrera del idioma y una preparación académica limitada.
Los esfuerzos de Ogden no pasaron desapercibidos.
Había caído en “un callejón sin salida burocrático”, escribió Bob RAforth, el hidrogeólogo regional para el Departamento de Ecología basado en Yakima, en un memorando urgente a sus superiores.
Raforth agregó que su agua contaminada era la punta del iceberg.
“El problema de la señora Ogden no es una situación aislada. Creo que es importante que mantengamos eso en perspectiva. El ver su problema de forma aislada hará nada por el resto de las norias que han demostrado estar contaminadas en el Valle Bajo”.
Nada se ha hecho desde que el Departamento de Ecología o cualquier otra agencia desde que Raforth escribió el memorando hace cerca de tres años.
Los intentos de Ogden de hace que alguien investigara la fuente de la polución de su noria empezó con el Departamento de Ecología el 35 de agosto del 2005.
Funcionarios de ecología la mandaron al Departamento Estatal de Agricultura dado a que esa agencia regula el abono de las lecherías. Virginia Pres, la inspectora principal de Agricultura investigó el lugar el día siguiente. Notó que la noria estaba vieja y tenía un pequeño orificio en el tapón, pese a que había un techo cubriendo la noria.
Pero Preston eventualmente concluyó que el problema de Ogden estaba fuera de la jurisdicción de la agencia debido a que no pudo establecerse cuál era la fuente de la contaminación.
Incluso si la fuente es el abono de la laguna que está a 35 pies de su noria, la agencia no tiene poder para ir más allá de las puertas de la lechería.
“Si una lechería le da abono a un granjero, en cuanto deja el control del lechero, ya no es su responsabilidad y está fuera de nuestra jurisdicción”, dijo Nora Mena, directora del programa del Manejo Nutritivo del Ganado del Departamento de Agricultura.
Prest luego le pidió al Distrito de Salud de Yakima que se hiciera cargo de la queja, pero le dijeron que no tenían jurisdicción sobre las norias, sólo de sistemas comunitarios de agua. Tampoco el Departamento de Salud del estado.
“Yo no sabía eso”, recordó Prest durante una entrevista reciente.
Funcionarios de alto nivel del Departamento de Ecología tampoco estaban al tanto que ni funcionarios de salud locales o estatales son requeridos que examinen norias de tomar que son privadas.
Pronto descubrieron eso.
Ogden comenzó a llamar de nuevo al Departameto de Ecología. In diciembre del 2005, cuatro meses después de su queja inicial, su historia llamó la atención de Tom Tebb, director de sección del programa de calidad de agua de Yakima. Él envió un memorando a sus superiores, el cual llegó a Jay Manning, el director en Olympia.
“Ella no siente que es correcto que tenga que tomar agua contaminada de su noria como resultado de que su vecino esté involucrado en la industria lechera”, escribió Tebb. “Tiendo a estar de acuerdo con ella”.

El artículo completo continuará esta semana. La próxima semana se publicará en El Sol la tercera y última parte de este reportaje.

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