Cuentos del asfalto: Un día de Reyes

January 6, 2009

By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima

La fiesta de los magos del oriente sigue viva en el Valle de Yakima.

Cuentos del asfalto

Llegó a su fin.
Bueno, por lo menos este año, la época navideña concluye hoy. Algunos, cansados o hartos de una orgía de compras decembrinas o de los aludes publicitarios, probablemente respirarán aliviados con toda justificación, contentos de que las celebraciones acaben ya.
Yo no.
Será porque encuentro algo medio perverso en el hecho de que en cuanto llega el 25 de diciembre algunos desechan sus árboles de Navidad con desdén o bajan sus adornos navideños, que se me antoja a falso.
Es por eso que en los últimos años me he convertido en un participante empedernido de la fiesta de los Reyes Magos. Como ya sabemos, dicha celebración concluye los 12 días después de la Navidad, de lo que trataré más adelante.
Soy el primero en alzar mi voz en contra de la comercialización de la Navidad y las fiestas decembrinas. En Los Ángeles, mi antigua ciudad, es enloquecedora la ansiedad que antecede a la Navidad, cortesía de las compras afiebradas y la vorágine urbana.
Aunque durante estas fiestas miré un poco de eso en Yakima, no es lo mismo. Agradezco que en el Valle no hemos llegado a tal punto y eso es digno de alabanza.
Pero volviendo a los Reyes Magos, es curioso cómo son precisamente los comerciantes pequeños y gigantes como Wal-Mart quienes de alguna manera están ayudando a que esta tradición se mantenga viva. Me encanta tanto esta costumbre de los Reyes Magos que me siento tentado a ignorar el hecho de que esta fiesta se esté comercializando.
Tengo un amigo que, como yo, detesta la comercialización de las fiestas decembrinas.
“Ah, pero me encantan los adornos navideños en las tiendas comerciales y en todas partes”, me dice. “Acabaría con la comercialización de la Navidad, pero yo no quitaría todos esos adornos, las fiestas, la alegría”.
Yo tampoco.
Es curioso, pero de un tiempo para acá la fiesta de los Reyes Magos, la cual se ha venido celebrando en el mundo occidental cada seis de enero, ha menguado precisamente en el lugar que la vio nacer: en la Iglesia Católica.
Este año a nivel local y en el resto del mundo del rito latino, la Epifanía, como se le llama al viaje de los Reyes Magos a Belén para visitar al Niño Dios, fue celebrada el domingo pasado.
Jumm. Hay algo que me molesta en el hecho de que cambiemos las fechas de las celebraciones que caen entre semana y las mudemos al fin de semana sólo para que se acomoden a nuestras agendas; como que le resta importancia a la celebración, poniéndonos, egoístas que somos, por encima de ella.
En tiempos pasados, cuando no nos sentíamos la última Coca Cola en el desierto gracias a terapeutas lava cocos que insisten en que cada vez nos tenemos que amar más, no era así. De hecho, la fiesta de los Reyes Magos era una de las más celebradas, especialmente en nuestros países latinos de origen.
La Catedral de Colonia, uno de los templos góticos más bellos del mundo, fue construida en la Edad Media precisamente para albergar las reliquias de los santos Melchor, Gaspar y Baltasar. Los restos están dentro de un sarcófago bellísimo, el cual es considerado el relicario más grande del mundo.
Cuenta la historia de la iglesia que los restos de los Reyes Magos fueron llevados desde Milán (anteriormente habían reposado en Constantinopla) por Federico Barbaroja, emperador del Sacro Imperio Romano en 1164. Desde entonces muchos peregrinan a Colonia, Alemania, para venerar las reliquias.
Pero desde mucho antes la fiesta de los Reyes Magos era de suma importancia. La Epifanía concluye los “12 días de Navidad”, fecha que como dije antes, cae en el seis de enero.
Recuerdo que de pequeño los sacerdotes nos inculcaban que la Navidad no sólo era el 25 de diciembre, sino que era un festejo litúrgico que se extendía hasta el seis de enero. Creo que es algo sumamente latino festejar.
Es por eso que me agrada que las panaderías locales del Valle se dediquen a hornear la tradicional Rosca de Reyes. Dichos panaderos latinos, con sus bellas y sabrosas confecciones, son mucho más que eso: son artistas.
Y de muchas maneras están ayudando a que siga esta tradición viva en el Valle, por lo que saludo con gusto a todas las panaderías locales que nos brindan la Rosca este año.
También merecen mención los medios locales de comunicación, como las emisoras de radio, estaciones de televisión y periódicos en español. Y si faltó alguien, les pido disculpas por no reconocer su buena labor.
He notado que la Diócesis tiene muy buenos programas sociales para el Valle de Yakima. Pero pienso que viendo el apego y religiosidad popular de los Latinos de Yakima, debería de hacer más por fomentar esta bonita fiesta durante el seis de enero, como misas especiales, procesiones, bendiciones de roscas, convivios etc.
Hace falta que haga más alboroto.
Soy de la vieja escuela por lo que sigo creyendo en los doce días de la Navidad. Creo que la época decembrina y el seis de enero no debe morir con un quejido sino con un estallido.
Este es un caso en que la Vox Populi, la voz del pueblo, no puede ser negada. Alguien que nunca se anduvo con rodeos al hablar dijo una vez que “no sólo de pan vive el hombre”.
Pero creo que Él mismo nos diría que pese a que la Rosca de Reyes sea hecha con masa, esta es una ocasión en la que el pan no sólo alimenta el cuerpo, sino también el alma.

• Joseph Treviño es el editor de El Sol de Yakima. Su columna, Cuentos del Asfalto, aparece semanalmente. Este artículo es parte de su columna. También puede escuchar sus comentarios sobre las noticias actuales todos los miércoles como invitado del programa de Francisco Ríos, director de noticias de Radio KDNA a las 8 a.m. en el 91.9 F.M. Además, Radio KDNA ofrece su programa de noticias todos los días a las 8 a.m., 11:45 a.m. y a las 6 p.m.

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