Un sueño llamado Libertad
March 31, 2009
By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima
De la nada, Óscar Martínez, un maestro de secundaria, compró un viejo teatro de Toppenish; Lo está renovando y piensa convertirlo en un centro para las artes y la cultura del Valle.
TOPPENISH — Óscar Martínez tiene un sueño.
Y es muy grande.
Un consejero de escuela de modales llanos, Martínez, quien nunca antes había comprado otra cosa que casas, decidió hacerse del Teatro Liberty, un edificio que data desde 1915.
Artistas de la talla de Lilian Gish, una leyenda del cine mudo, engalanaron su escenario, para luego el teatro convertirse en una sala de cine hasta 1984, cuando por poco y fue demolido.
Pero ahora, Martínez, quien lo compró con un préstamo, desea convertirlo en un centro cultural, como también para las artes. Durante las últimas décadas, el teatro Liberty (Libertad) ha sido usado para todo tipo de quinceañeras, fiestas, bodas y bailes.
Pero Martínez, quien cuenta con 38 años de edad, tiene planes más ambiciosos. Dice que a Toppenish le falta más chispa y cree que si convierte al teatro en un centro de reuniones, de cultura y arte, además de traer buenas obras teatrales, la ciudad cambiará.
“Quiero traer un sentido de orgullo a Toppenish”, dice Martínez, mostrando orgulloso el interior del teatro, donde ha estado laborando por largas horas durante las últimas semanas.
Ataviado con pantalones de mezclilla manchados de pintura y una sudadera, Martínez y un compañero y amigo se han dedicado a trabajar duro en el teatro, cuyo interior parece más frío que afuera.
Por ahora, Martínez se dedica a pintar, limpiar y poner azulejo en el que hasta hace poco fue un piso destartalado, vetusto y feo. Durante el día trabaja en la secundaria Toppenish Middle School, pero como desde las cuatro de la tarde hasta altas horas de la noche, se le puede ver remodelando a su teatro con sus propias manos.
Martínez admite que dejar en buen estado al Teatro ha probado ser mucho más difícil de lo que pensó. Pero dice que confía en que podrá tenerlo listo para su fecha límite, el próximo 25 de abril.
“Tiene potencial”, dice el maestro escolar sobre el teatro.
Un poco de historia
Mucho potencial fue lo que le vaticinaron sus creadores al teatro Liberty, cuando fue concluido en 1915. El Teatro (cuyo nombre original era el Lois), de acuerdo a los anales y libros de historia, fue construido por el Dr. Hiram M. Johnson.
El Liberty comenzó con tener una reputación de ser un “centro de entretenimientos” del Condado de Yakima. En aquel entonces Toppenish contaba con cuatro cines, 32 bares y “13 casas de mala reputación”.
Al principio, el teatro fue diseñado para presentar obras teatrales, con una planta principal grande y dos balcones. Debajo del escenario contaba con cinco camerinos y una sección para la orquesta.
Fue tal la importancia del teatro que se presentaron ahí artistas de la talla de la mencionada Gish, así como Ramón Novarro, el actor mexicano de Durango que llegó a competir con Valentino. Sería hasta 1927 cuando el Teatro cambió su nombre a “Liberty” y en 1931 fue comprado por Howard Hughes, el famoso magnate, como parte de su imperio en el mundo del cine.
Un nuevo giro
Desde la década de los treintas hasta 1984 el Liberty fue una sala de cine. Luego se convirtió en un salón de bailes, bodas etc.
Y ocasionalmente en una iglesia. De hecho, la Iglesia del Valle, una congregación de las Asambleas de Dios, alquilaba el teatro para llevar a cabo sus servicios.
Fue a principios de los noventas que Martínez asistió al Liberty para los servicios de la Iglesia del Valle. Como ahora, el interior no era nada acogedor, frío y despintado.
“Pensé que alguien tenía que hacer algo sobre este lugar”, dice Martínez.
Con el tiempo la iglesia dejó de alquilar el teatro cuando encontró un lugar estable. Pero a Martínez nunca se le olvidó el teatro.
Hace unos meses, un amigo le dijo que el Liberty estaba en venta. Tras considerarlo, comenzó a orar.
“Estaba muy ambivalente. Soy un hombre espiritual. Oré. En mi casa tenía una cifra. Y condiciones”, evoca Martínez. [Dijo] “Seguiré rezando. Si el dueño reúne esas condiciones, eso me va a dar paz. Y eso es exactamente lo que sucedió. Creo que fue Dios el que me dirigió”.
Antes de que lo vuelva a abrir, Martínez quiere hacer una fiesta para su hijo de tres meses con su esposa María, dice. Luego seguirá alquilándolo para fiestas y quinceañeras, mientras lo remodela y convierte en un lugar artístico y cultural.
Dice con una sonrisa: “Creo que le traerá valor a la comunidad. Tiene un valor histórico. Le puedo regresar un poco a la comunidad. Tiene potencial. Para que sea un lugar multiusos. Tengo una visión para este lugar”.
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