El maestro migrante
May 19, 2009
By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima
Carmelo Ramos, un profesor de la preparatoria Davis, lleva toda su vida ayudando a los alumnos latinos del Valle.
Carmelo Ramos tenía 15 años y llevaba consigo un billete de mil pesos.
Con el billete de color verdoso en su bolsillo, Ramos dejó su natal México y cruzó la frontera por Tijuana sin documentos. Eso fue en 1978.
La aventura como indocumentado de Ramos terminó en Yakima, donde hoy trabaja como el encargado de retener y reclutar alumnos para la escuela preparatoria Davis. También está a cargo del programa migrante, en el que es su responsabilidad ayudar a muchos jóvenes que llegan a Yakima como él lo hizo hace 30 años: Carente de documentos y sin saber hablar inglés.
Ramos está entre los maestros más populares entre los alumnos de Davis. Su sencillez y el siempre estar dispuesto a ayudarlos hace que esté entre los favoritos de los estudiantes.
Este viernes, cuando 22 alumnos de Davis (y otros 13 de Eisenhower) sean presentados con el premio HAAP (Programa del Éxito Académico de Estudiantes Hispanos) en el Centro de Convenciones de Yakima, muchos de ellos dicen que fueron alentados a seguir sus estudios por Ramos.
El maestro migrante siempre tiene una forma de ayudarlos, ya sea navegando por la burocracia escolar o consiguiendo que otras agencias les brinden una mano amiga.
Pero Ramos dice que nunca se le olvida que él comenzó como uno de los cientos de chicos a los que el ministra. Ahí, en su cartera de cuero está el billete de a mil todavía que le dio su mamá en la frontera, por si acaso no lograba pasar y tenía que regresar a su pueblo en Zacatecas.
El billete ahora tiene 32 años, está doblado en cuatro partes. Fue impreso en papel durable, al estilo de la década de los setentas, cuando el presidente de turno era José López Portillo.
“Después de treinta años no se ha necesitado”, dijo Ramos, en su escritorio en la escuela Davis el jueves, viendo el billete. “Es parte de mi historia. Un recuerdo”.
Un alumno destacado
La historia de Ramos comenzó en Florencia, Zacatecas, un pueblo de menos de 15 mil almas. A finales de la década de los setentas los padres de Ramos, quien era el hijo mayor de la familia, se habían mudado a Yakima para trabajar en los campos del Valle.
A la edad de 15 años Ramos empezó en el séptimo grado en Tieton Middle School, sin saber nada de inglés. La única materia que dominaba era las matemáticas, pero tuvo que tomar clases de inglés para alumnos migrantes.
Durante las noches se pasaba horas estudiando sus materias, traduciendo las palabras al español para saber su significado.
“Mientras que sus companeros de clases se iban a casa con las manos vacias, discutiendo sobre la próxima fiesta, él iba cargando cinco o seis libros escolares”, le dijo Ann Bounds, una maestra de Ramos al Yakima Herald-Republic en un artículo publicado en 1986.
Ramos se graduó con un puntaje de 3.52, una carta de recomendación por su desempeño deportivo como corredor. Además, fue un miembro de la Sociedad Nacional del Honor y obtuvo 600 dólares de becas para asistir al Colegio Comunitario de Yakima (YVCC). Fue seleccionado en 1983 como uno de los 10 estudiantes más destacados de la escuela Highland.
“Este alumno consiguió todo esto mientras trabajaba en un segundo lenguaje, mientras trabajaba en los campos y mientras fungía como un hermano mayor a siete hermanas menores”, le escribió Bounds al entonces diputado Sid Morrison, un republicano de Yakima.
Contra viento y marea Ramos logró graduarse con honores de la escuela preparatoria, pero cuando quiso cursar estudios superiores y estudiar leyes, se topó con que no podía debido a que era undocumentado.
Afortunadamente, todo eso cambió con la amnistía de 1986. Ya con estudios, pudo llegar a trabajar con alumnos migrantes como lo que él había sido en su ex escuela preparatoria de Highland.
De trabajador migrante a maestro
Ahora como director del programa migrante de Davis, Ramos dice que sigue fascinado por su trabajo. Dice que le gusta ayudar a todos los jóvenes y que le resulta muy grato tener casos como Lourdes Reyna.
Reyna, según Ramos, es una jovencita de 18 años de edad, cuya mamá enviudó cuando ella era una niña. Su mamá tuvo que ir a “pizcar” cerezas y se llevaba a sus tres hijas a los campos, teniendo que dejar a la más pequena en una caja de frutas.
Ahora Reyna se graduará con honores. Ramos dice que los estudiantes latinos del Valle cuentan con mucha inteligencia, pero que dado muchas veces no sale a la luz dado a problemas migratorios o culturales.
“No se nos da la oportunidad”, dice Ramos. “Pero la inteligencia la tenemos”.
Sin embargo, siguen siendo los alumnos migrantes, aquellos que no saben inglés y que se la pasan aislados de los estudiantes de habla inglesa, los que continúan teniendo más problemas, dice Ramos. Son ellos quienes lo visitan mucho para pedirle consejos.
Dice que se ve reflejado en ellos. Y es por eso es que sigue dando todo de sí todos los días.
“Muchos estamos aquí por un cheque y otros estamos aquí para servir”, dice Ramos. “Cuando usted ve que de esos cien estudiantes que entraron y uno de ellos se graduó, eso ya es una ganancia”.
Estos son los estudiantes que recibirán la beca HAAP este viernes.
De la escuela Davis:
Brizeida Aragón.
María Espinoza.
José Gaona.
Daramí García.
Andrés Garza.
Octavio Gómez.
Edgardo Landa.
Jaqueline Manjarrez.
Sandra Martínez.
Ilse Montes de Oca.
Pedro Pacheco.
Jose. C. Pizano.
Héctor Reyes.
Jessica Rivas.
Jennifer Rodríguez.
Rosario Hoxihin.
Jessica Sachara.
Jason Valenzuela.
Jerad Valenzuela.
Marili Vargas.
Celina Venegas.
Alfredo Villaseñor.
Alumnos de Eisenhower
María G. Castañeda.
María Cruz.
Jacob García.
Selene Guido.
Marissa Hernández.
José J. Martínez.
Lydia Mora.
Sabdi Palma.
Vanessa Reyes.
Lorena Rodríguez.
Gabriela Ruiz.
Marcruz Tellez.
Érika Vargas.
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Qué buen artículo Joseph. ¡Felicidades! Eres una inspiración para quienes escribimos sea por vocación o por amor al arte, y un ejemplo para quienes realmente intentamos ser exactos al expresarnos — seguramente lo digo no sólo por mí, sino por muchos. Felicidades también al profesor Carmelo Ramos; su optimismo es contagioso.
Tu amiga y colega,
Josie Tizcareño Pereira