El Sol De Yakima

Nacida para correr

La corredora Sandra Martínez estuvo entre las atletas más condecoradas del año; su carrera por la vida apenas empieza.

Durante sus años con Davis, Sandra Martínez ha sido la corredora más notoria de esa escuela.
El Cross Country. La carrera de una milla. Ha vencido la mejor competencia del Valle y del estado en esas y carreras de tres millas y más.
Pero ahora dice que empieza su verdadera carrera, pues la joven de 19 años de edad está por dejar el Valle, ya que partirá para la Universidad Estatal de Oregon a finales de este verano. Martínez obtuvo una beca completa para cursar estudios ahí, donde piensa convertirse en maestra de niños de escuela primaria.
Martínez estuvo entre los 310 estudiantes de Davis que se graduaron el miércoles, durante una magna ceremonia en el SunDome de Yakima. También fue una recipiente del premio del Programa del Éxito Académico de Estudiantes Hispanos (HAAP), una beca que se le otorga a los mejores estudiantes.
Y por si eso fuera poco, Martínez fue nombrada como la Atleta del Año del Valle el jueves durante un evento en el Centro de Convenciones.
“Esto es realmente genial”, dijo Martínez. “Sólo quería mayormente disfrutar de mi año senior [año 12 de preparatoria] y estoy contenta de cómo todo resultó bien”.

La carrera de su vida
Ataviada con una blusa negra, jeans azules y su cabello largo, negro, recogido en una coleta, Martinez parece mucho más joven que sus 19 años de edad. Diminuta, de 5 pies y dos pulgadas de estatura y 115 libras de peso, ella no se ve como la corredora capaz de aniquilar gigantes en las carreras locales y estatales.
Pero como sus rivales se han dado cuenta, la pequeña corredora cuenta con el atletismo, estamina y velocidad requerida para destacarse entre lo mejor del estado. En los últimos tres años ha sido una de las atletas más notorias del Valle.
Pero no todo el tiempo fue así, cuenta Martínez, el jueves, en las afueras de un salón de clases, uno de los “portables” de la escuela preparatoria Davis. Fue en esta escuela, con una mayoría de alumnos latinos, donde la corredora encontró su gloria deportiva.
Cuenta Martínez que llegó con su mamá a Yakima hace diez años, procedente de Uruapan, Michoacán. Recuerda su tierra natal con nostalgia, pero eran tiempos duros, cuando en su hogar carecía de electricidad.
Perdió a su papá a una edad pequeña y su mamá tuvo que trabajar en los campos de Yakima. Como la mayoría de inmigrantes latinos, la pequeña Sandra tuvo que entrar a clases de Inglés como Segundo Idioma (ESL), ya que hablaba el idioma.
“Tenía miedo”, recuerda la joven.
Durante este tiempo, ha compartido su hogar con cinco hermanos, a los que ha ayudado con su cuidado.
A los dos años de estar en la escuela ya dominaba el inglés, por lo que sus maestros la pasaron a las clases regulares, cuenta.
De pequeña jugaba futbol con amigos y familiares, cuenta. Nunca consideró el correr como deporte.
Eso fue hasta que llegó a la secundaria, en el octavo grado.
Fue ya en la escuela secundaria Lewis & Clark, cuando a petición de una amiga, optó por correr en la cancha escolar. Ahí descubrió que le gustaba correr.
Su condición mejoró. Mas fue cuando entró a Davis que tomó el correr como deporte ya más en serio.
Fue ahí donde conoció a José García, el entrenador de carreras de larga distancia de Davis. Él mismo fue un corredor profesional y por más de 13 años ha visto pasar a muchos buenos corredores latinos por esa escuela.
Lamentablemente, muchos también son como Martínez, quienes vienen de hogares pobres y que no pueden invertir en una carrera deportiva debido a que suelen tener que trabajar después de escuela para ayudar a sostener el hogar familiar.
Esto no le dio el tiempo suficiente a Martínez para que dedicara más horas al deporte, cuenta ella. Pero ella y su mamá, de quien habla con mucho cariño, llegaron a un acuerdo: “Le prometí que trabajaría durante los veranos si me dejaba correr”.
Y así fue. Ya sea en los campos o en el restaurante El Grullense, Martinez se la pasó laborando, mientras que otros chicos se la pasaban disfrutando del verano.
Pero contaba con la ayuda de García, su entrenador, de quien Martínez dice que él y su esposa son su inspiración.
“Tratamos de darle lo que ella puede hacer con su itinerario, su base, sus otras responsabilidades”, le dijo García al Herald-Republic, diario hermano de El Sol el año pasado. “Afortunadamente, es una de las jóvenes más amigables, positivas y maduras que he entrenado”.

Rumbo a Oregon

Tras un año imbatible en el que ha roto varios récords de su propia escuela, estatales y personales, Martínez obtuvo una beca para la Universidad Estatal de Oregon. Cuenta con buenas calificaciones, pero pocos dudan que sus logros en la cancha tuvieron que ver con esa beca que pagará todos sus estudios en esa universidad de cuatro años.
Admite que siente un poco de temor, ya que por vez primera dejará su hogar, para irse a vivir sola a otro lugar. Su mamá quería que estudiara en un colegio local, pero Oregon terminó ganando.
“Ahora ya se siente mejor”, dice Martínez, sobre su mamá.
Y luego está el hecho que dejará de ser la deportista estrella de Davis, para llegar a otro mundo desconocido en Oregon.
Sin embargo, dice que piensa continuar corriendo. Quiere perseguir una carrera como corredora profesional, mientras que estudia. Partirá para Oregon en agosto.
Cuenta que escogió la carrera de ser maestra de niños debido a que ya tiene práctica en eso, pues ha ayudado a criar a sus hermanos.
Dice: “Me gustan los niños”.

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