July 6, 2009
By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima
Más que su escándalo sexual, el autor dice que el problema de Cutié está en su falta de veracidad y su opción por seguir siendo el cura de los famosos.
Cuentos del asfalto
Yo le perdí la fe al Padre Alberto Cutié en el 2003.
Fue cuando vi en directo, en la televisión, la misa que ofició Cutié en memoria de Celia Cruz, la leyenda de la salsa. Debo mencionar que entrevisté varias veces a la “Guarachera del mundo” en Los Ángeles, cuando era reportero de la sección de espectáculos de La Opinión.
¿Habré sido yo el único al que se le antojó la misa de Cutié, más que algo solemne –digno de una ceremonia fúnebre del augusto ritual católico–, que un espectáculo?
Recuerdo que Cutié les dijo que tal misa, más que un acto fúnebre, era “una fiesta”. El sacerdote dijo durante la homilía que se imaginaba a la reina de la salsa dirigiendo los coros celestiales de San Pedro.
“Pero para San Pedro, los problemas ya han empezado, pues los ángeles están acostumbrados a cantar cantos gregorianos”, dijo Cutié. Luego, en tono de chiste prosiguió: “Pero ahora tiene que aprender “Quimbara, cumbara, cumba quimbamba”.
Por supuesto, estaba todo el jet set de Miami, muchas estrellas del espectáculo y los familiares de Cruz, incluyendo Pedro Knight, su esposo, quien hacía esfuerzos por sonreír y seguir la charada.
Claro, todos esos que vieron y tomaron la misa fúnebre como lo que fue, un espectáculo, incluyendo Cutié, juraron tan solemnes y dignos en ese entonces que no abandonarían a Knight, quien fue un marido devoto de Cruz durante décadas. Mucho me temo que no fue así, ya que el pobre de Knight murió escasos cuatro años después, confesando antes en entrevistas que sus últimos años los había pasado solo y con poco apoyo moral.
Pero volviendo a Cutié, desde entonces hubo algo en él que no terminó de convencerme (como ya habrá adivinado, soy católico). Era obvio que al cura le fascinaba ser el centro de atención.
Más que su ministerio como sacerdote, aquí estaba un hombre que claramente le encantaba ser una estrella. Era capaz de convertir la misa -el ritual y el centro del catolicismo por más de 2,000 años y por el que incontables católicos dieron sus vidas a lo largo de dos milenios (incluyendo a muchos mexicanos cristeros que lucharon contra el gobierno de México a finales de los años 20 y principios de los 30 del siglo pasado, cuando se restringió la libertad de culto)- en algo banal, trivial, efímero, con tal de quedar bien con el mundillo del espectáculo y las cámaras de televisión.
Desde el escándalo del Padre Alberto con Ruhama Canellis, la mujer de las famosas fotos en la playa, mucho se ha hablado sobre el celibato; que si la iglesia debería de quitarlo como requisito para el sacerdocio, que si le hace daño a los sacerdotes, que incluso tal abstinencia bien podría ser la fuente motriz que propulsó a muchos sacerdotes a abusar de niños.
Guau. De veras que sí, con tales comentarios podemos estar seguros que como sociedad hemos perdido el sentido común.
Creo que es al revés: aquellos que se fijan demasiado en el celibato sacerdotal y en las vidas sexuales de los demás me parecen harto suspicaces. Son como mirones pervertidos; como los drogadictos, en este caso adictos al sexo, que se obsesionan por la condición sexual de otros y no pueden hablar de otra cosa más que de eso.
Bueno. Ya está. Lo dije.
Volviendo al Padre Alberto, debo admitir que no, no me molesta que se haya enamorado de Canellis. Tampoco me irrita que haya roto su voto de celibato (un comentarista dijo que era mejor que Cutié se haya acostado con una mujer que con un menor de edad, con lo que demuestra, según el comentarista, que el clero va mejorando).
Concuerdo con Cutié que en el amor no se manda. Y por lo menos Canellis, que se sepa, no es casada, por lo que con eso la pareja no le puso los cuernos a alguien.
Cutié ha dicho en entrevistas, después del escándalo, que quiere tener una familia. En una ceremonia civil, se casó con Canellis.
Esto me parece bueno y les deseo lo mejor.
Mucho se habla hoy en día de la “hipocresía”. De hecho, creo que se ha tergiversado la palabra.
La hipocresía no es el decir que uno profesa una fe y no poder cumplirla al pie de la letra: esto no significa que una persona, como el caso de Cutié que dado a la pasión acabó en los brazos de una mujer, sea un hipócrita por caer en la tentación.
Sólo demuestra que fue débil. Punto.
Los que sí son hipócritas son esos comentaristas de los medios y las televisoras latinas (léase Univision y Telemundo), que con sus ejércitos de teiboleras y strippers masculinos que desfilan por sus pantallas no pueden ocultar el hecho de que quieren convertirnos en adictos a su grotesca programación.
Con todo y eso, encima se atreven a culpar a Cutié por haberse acostado con una mujer. ¡Ja!
Lo que sí se me hizo bochornoso es que Cutié dejó a su iglesia católica, la cual juró y perjuró que amaría y le sería fiel hasta la muerte, por otra iglesia, en este caso la episcopal.
Que quede claro que con esto nada malo estoy diciendo sobre esta iglesia. Mi bronca aquí es con el Padre Cutié.
Entiendo cuando los laicos, personas que no son parte del clero, cambian de religión o iglesia. Esto es ya algo personal y de cada quien.
Pero ya cuando se es sacerdote, vivió de los feligreses, estudió por años y tomó votos de obediencia, pues aquí sí ya no hay excusa. Claramente estamos ante un farsante.
Sospecho que más que por amor a Canellis, Cutié se cambió de iglesia con tal de seguir viviendo una vida en el clero de los ricos y famosos. Creo que él pensó que de permanecer con la Iglesia Católica ya no iba a poder seguir siendo el sacerdote de las estrellas y que en su nueva iglesia le van a permitir que siga como amigucho de gente como los Estefan.
Jumm.
A pesar de lo fuerte que he sido con Cutié, hay algo en él que me da pena. Creo que pese a que piensa que seguirá dándose la gran vida, pero esto de alguna forma acabará mal.
Pero más bien dejaré que sea otro sacerdote el que finalice al respecto. Se trata del Padre José Antonio Fortea, el exorcista de Madrid, quien en su blog (muy bueno, por cierto, y que pueden ver en www.fortea.ws <http://www.fortea.ws/> ) escribió lo siguiente:
“Habría sido comprensible si el padre Alberto hubiera dicho que había sido débil, que ya no podía resistir más su pasión, y que pedía la secularización porque ya no entendía su vida apartado del amor de una mujer. Pero no es comprensible que ese sacerdote haya leído el Evangelio de Cristo cada día y escuche lo que dice Jesús de su Iglesia, y ahora decida salirse y buscar en el catálogo cuál es la reunión de creyentes que más se adecua a sus necesidades e inquietudes”.
Y finaliza: “La noticia del padre Alberto Cutié de pasarse a los episcopalianos me ha llevado a dar gracias a Dios por haber estudiado en la Universidad de Navarra. Antes enterrado en cal o con la cabeza cortada que abandonar la única santa e inmaculada Iglesia”.
• Joseph Treviño es el editor de El Sol de Yakima. Su columna, Cuentos del Asfalto, aparece semanalmente. Este artículo es parte de su columna. También puede escuchar sus comentarios sobre las noticias actuales todos los miércoles como invitado del programa de Francisco Ríos, director de noticias de Radio KDNA a las 8 a.m. en el 91.9 F.M. Además, Radio KDNA ofrece su programa de noticias todos los días a las 8 a.m..
2 Responses to “Cuentos del asfalto: La saga del Padre Alberto”
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me gusto mucho su articulo muy bien planteado
gracias
ME ENCANTO EL ARTICULO Y CREO QUE MAS QUE AMOR AI HAY ALGO RARO… QUIEN SABE QUE TIPO DE “TE” LE HABRA DADO ESA MUJER PARA QUE UN HOMBRE TAN GUAPO Y CURA, SE HAYA FIJADO EN ESA COSA TAN FEA…