El Sol De Yakima

El legado latino de Ted Kennedy

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El senador de Massachussets luchó por una reforma migratoria en medio de una vida turbulenta y un último adiós sorprendente.

Fue el fin de una era.
Sí, la frase suena a cliché, a un lugar común en los días que siguieron la muerte y el funeral de Edward “Ted” Kennedy. Pero es cierto, pues fue el último de su clan que incluyó a sus dos famosos hermanos: Robert y, por supuesto, John F. Kennedy.
Pero algo que quizás nos concierne aquí sobre el ultimo del trío de los Kennedy famosos es la relación que tuvo con la comunidad latina. No han faltado líderes hispanos que han alabado hasta la saciedad a Ted Kennedy, luego que éste sucumbió de cáncer la semana pasada.
Pero, ¿cuáles fueron sus logros por los latinos, por este hombre ha sido llamado “El gran león liberal del Senado”?
Para empezar, el Senador de Massachussets comenzó su lucha por los inmigrantes en la legislatura a mediados de la década de los sesentas, cuando ayudó a que fuese aprobada una enmienda que haría que cesara el favoritismo que había en ese entonces por las visas a favor de los inmigrantes europeos. Muchos quedaron resentidos por eso, pero gracias a Kennedy, los inmigrantes de hoy en día a los Estados Unidos, especialmente los latinos, tienen mucho que agradecerle.
A mediados de los ochentas, Kennedy, un demócrata de hueso colorado, como todos en sus familia, ayudó a propulsar lo que luego fue conocida como la ley Simpson-Rodino, con la que en 1986 se le concedió a millones de inmigrantes una amnistía. Por supuesto, un dato que a muchos se les pasa hoy es que fue el entonces presidente Ronald Reagan, un republicano, quien firmó la ley (sin duda que Kennedy tuvo algo que ver para convencerlo).
Durante las multitudinarias marchas pro inmigrantes de los últimos años, Kennedy estuvo al frente, apoyando al movimiento, incluso haciendo una alianza con el Senador y luego candidato presidencial republicano, John McCain, en la formación de una propuesta de ley de reforma migratoria.
Lamentablemente, dicha propuesta jamás llegó a convertirse en enmienda.

Sí, el historial de Kennedy en cuestión de luchar por los derechos de los inmigrantes fue brillante. Sí, brillante.
Que lástima que no sólo de reformas migratorias viven los latinos, como tratan de pintar la situación algunos. Que lástima.
Primero, un poco de historia.
Ted Kennedy nació en Boston, en 1932, el más pequeño de los nueve hijos que tuvo Joseph Patrick Kennedy y Rose Fitzgerald Kennedy. Era de origen irlandés, de una familia católica cuya ambición sin límites es ampliamente conocida.
La historia de Camelot, de la asunción a la presidencia de su hermano John, es ya parte de la leyenda norteamericana. También su trágico asesinato en 1963, así como la de su otro hermano, Robert, en Los Ángeles en 1968.
Sin embargo, Ted supo aprovecharse del nombre Kennedy, convirtiéndose en 1962 en un senador por el partido demócrata. Fue uno de los senadores que más tiempo permaneció en el senado.
Desde un principio demostró ser un liberal empedernido. Algunos dicen que siempre estuvo dispuesto a negociar con los republicanos y los conservadores, pero cabe mencionar que Kennedy fue sumamente listo, sabiendo cómo ser conciliador sin adulterar su liberalismo.
Ciertamente sus seguidores tienen razón al decir que Kennedy fue el campeón por los derechos de la educación, los trabajadores, los inmigrantes, los pobres.
La era antes de Kennedy no era del todo amigable para las minorías. Mi madre, quien fue una trabajadora del campo en California a principios de los 60, me decía que por aquellos días los restaurantes colgaban rótulos que decían, “no se admiten perros, negros ni mexicanos”.
Guau.
Kennedy fue uno de los que luchó para terminar con las discriminación. El senador fue un verdadero león contra de la discriminación y otros males.
Pero distó mucho de ser un santo.
Kennedy pudo incluso, dicen los historiadores, haber llegado a la presidencia, de no ser por un incidente: Chappaquiddick.
Ah, Chappaquiddick.
Resulta que el 18 de julio de 1969, Kennedy iba en su Oldsmobile Delmont 88, del 67, con Mary Jo Kopechne, una mujer de 28 años que pertenecía al grupo de “Boiler Room Girls”, quienes habían trabajado el año pasado en la campaña presidencial de su hermano, Robert.
Ambos habían salido de una fiesta en Martha’s Vineyard, en la isla Chappaquiddick, cuando el Oldsmobile se salió del camino y fue a dar a un canal. El coche quedó volcado dentro del canal, pero Kennedy logró salir.
Kopechne no.
Pasaron 10 horas -¡10!- antes de que fueran notificadas las autoridades. La mujer murió.
Se abrió una investigación y hasta la fecha no se sabe porqué Kennedy dejó que pasaran 10 horas antes de dar parte a las autoridades.
Algunos dicen que fue porque estaba borracho (al senador le gustaba tomar). Nunca se ha probado, pero lo cierto es que el incidente –por llamarlo así- enturbió la carrera política de Kennedy para siempre.
Para aquellos que dicen que lo personal no debe ser tomado en cuenta en los políticos (¿alguien se acuerda de Bill Clinton y el caso Lewinsky?), pues lo de Kennedy y Kopechne prueba que no es así.
Mucho se ha escrito sobre el supuesto catolicismo de los Kennedy. Mas debo admitir que nunca me gustó el estilo de ellos.
En retrospectiva, al leer que durante las elecciones presidenciales de 1960, John F. Kennedy dijo que su catolicismo no importaba en cuestiones públicas, pues sólo trataría de imaginarme si un musulmán, un judío o alguien de otra religión o fe se atrevería a decir lo mismo. Es cierto que por entonces había muchos prejuicios contra los católicos -y creo que los sigue habiendo- pero eso no justifica que Kennedy haya preferido los votos por dejar a un lado su fe.
Como que no me inspira mucha fe una persona que pone sus creencias políticas sobre sus creencias religiosas o espirituales. Se me antoja a algo así como una prostituta intelectual.
Hoy en día pocos saben que los demócratas de a principios del siglo pasado -como los Kennedy- aquellos que lucharon incansablemente por los derechos de los trabajadores, obtuvieron su inspiración directa del Papa Leo XIII y su magistral encíclica, Rerum Novarum.
Los demócratas le deben mucho al Papa Leo XIII, pero eso pareció habérsele olvidado a Ted Kennedy al preferir a su partido e ir diametralmente opuesto a su fe y su iglesia al favorecer varios temas, especialmente en cuestión al aborto.
Sin embargo, parece que al final, Kennedy, el gran león liberal, el infatigable político, el indomable senador, el mujeriego, por fin encontró la paz.
Resulta que Kennedy le dio al presidente Barack Obama una carta lacrada, para que se la entregara personalmente al Papa Benedicto. En la carta, parece que el senador abrió su corazón.
“Le escribo con profunda humildad que ore por mí mientras que decae mi salud”, le escribió Kennedy.
El senador pasó a decir que era su fe católica la que lo había mantenido en pie durante su vida, especialmente durante sus horas más oscuras.
“Sé que soy un ser humano imperfecto, pero con la ayuda de mi fe, traté de enmendar mi rumbo”.
‘El soñador inquieto’.
Benedicto le respondió, dándole su bendición.
Pienso que más que el político agrandado, prefiero al Kennedy humilde, el de sus últimos días.
Adiós, Ted Kennedy, adiós.

Joseph-Treviño--Cuentos-del Joseph Treviño es el editor de El Sol de Yakima. Su columna, Cuentos del Asfalto, aparece semanalmente. Este artículo es parte de su columna. También puede escuchar sus comentarios sobre las noticias actuales todos los miércoles como invitado del programa de Francisco Ríos, director de noticias de Radio KDNA a las 8 a.m. en el 91.9 F.M. Además, Radio KDNA ofrece su programa de noticias todos los días a las 8 a.m., 11:45 a.m. y a las 6 p.m.

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