Tomando café: Juegos de canicas
October 27, 2009
By admin
Con su vasta experiencia, el columnista tiene la solución para los problemas que aquejan a los jóvenes del Valle.
SAN DIEGO, Texas — Café con pan dulce.
Todas los días durante el verano, allí entre las dos o tres de la tarde, pasaba por el barrio Juan el Panadero, un hombre alto, poco flaco y jorobado, con piel de sol quemada, cargando una canasta grande sobre su hombro derecho.
La canasta estaba llena de pan dulce de la panadería Macaco. Los del barrio lo esperábamos. Salían los niños y comprábamos el pan para deleitarlo con café caliente.
Mi abuela le gustaba la semita de anís. La dividía en varias tajadas y todos alcanzábamos a comer de la semita. (un trago de café).
Las familias del barrio eran pobres, el dinero era escaso. Educaban a sus hijos en casa e insistían en mandarlos a la escuela.
¿Y cómo se entretenían esos hijos e hijas? Tanto en la escuela como fuera de la escuela jugábamos una variedad de juegos.
Ustedes de mi generación los han de recordar: las canicas ( el rin, la chusa, los 5 pozos); los trompos, brincar la cuerda, jugar a las escondidas.
Juegos inocentes que los jugábamos, ¡hasta los quince años! En estas épocas de adolescencia nuestros padres nos cuidaban bien… hasta los vecinos.
Si algún hombre de la vecindad por casualidad nos veía en un salón en donde vendían cerveza y habían juegos de billares (pool hall), él mismo nos descubría con nuestros padres y cuando llegábamos a casa pues una buena regañada con castigo nos esperaba.
Había disciplina en el hogar. Nos enseñaban a obedecer, respetar y honrar a nuestros padres, abuelos, parientes y en fin, personas de edad mayor.
Cuando íbamos a la escuela, ya preparados con estos valores, el maestro o maestra se concentraba fácilmente en enseñarnos las materias escolares.
En esos años no teníamos influencias de droga, traficantes, pandilleros, televisión, o revistas sensuales. Si estas influencias existían, pues estaban separadas, ocultas de los estudiantes. Para la comunidad no era necesario tener foros para discutir estos tipos de problemas sociales. (otro trago de café).
En este día me encuentro en San Diego, Texas, escribiendo esta columna y haciendo reflexión de como eran aquellos tiempos pasados, cuando como jóvenes no teníamos esas presiones que los adolescentes tienen hoy en día.
La semana pasada hubo un foro en Teatro Capitol para discutir los problemas de las pandillas. ¡Qué hacer, Dios mío!
No cabe duda, son problemas serios de nuestra sociedad, nuestras comunidades, nuestras familias. Discutir tales problemas sociales en un ambiente público, al aire libre, en forma de foros es saludable y pueden tener buenos resultados.
Sin embargo, una conclusión de siempre parece tener similitudes; más atención por parte del sistema judicial, más programas después de escuela para los jóvenes, más programas de prevención, e intervenciones más tempranas.
Y para todo se necesita dinero, ¿y de dónde van a venir ese dinero? Dilemas de siempre.
Con un trago más de café, quizás podemos añadir otra solución. En el caso de nuestras familias latinas, ¿por qué no comenzar por allí? ¿Por la familia?
Hay que saber que nuestras familias desean educar a sus hijos, y hay familias que lo están haciendo muy bien. Pero hay muchas más que tienen una presiones fenomenales.
El estar aquí trabajando sin documentos de autorización, el no saber comunicarse en inglés para defender nuestros derechos; el ser victimas de charlatanes, vivir en una cultura nueva y súper concentrada en consumismo. Además, está la presión a los jóvenes por narcotraficantes, embarazos juveniles, influencias negativas de la televisión, videos comerciales.
Y como dice la canción, “y tener la desgracia de ser tan pobres”.
Nuestra sociedad de buen corazón, nuestras escuelas con buenos programas, y las iglesias dedicadas a desarrollar nuestra fe y espiritualidad, deben de unirse a la meta, a la tarea de trabajar juntos y enfocarse en ayudar a nuestras familias a que resuman el control de sus hijos e hijas.
Y trabajar juntos no cuesta dinero. ¡Es justo y necesario!
El café se acabó.
• Ricardo García fue director de Radio KDNA por casi 30 años. Fue amigo de César Chávez y actualmente está involucrado en muchos proyectos comunitarios, además de escribir un libro sobre sus experiencias en el Valle de Yakima.
Comments
2 Responses to “Tomando café: Juegos de canicas”
Got something to say?



Gracias,
Por supuesto un tema escabroso y sin lugar a dudas una realidad mas del diario vivir, la violencia en las calles, pero ya no solo en las calles sino en las escuelas, el empleo, las fiestas y hasta en la casa mientras tranquilos estan los miembros una bala malintencionada o una perdida rompe la paz y la armonia por una trajedia.
El problema uno grave que deja mas dudas y preguntas que respuestas, las Pandillas ¿existen y operan por mera coincidencia?, son tan dificiles de erradicar en realidad de una sociedad o son mas bien oportunidades para concentrar e identificar a ciertos miembros en una comunidad, mala mente yo siempre me he preguntado, ¿por que es que siempre a las cercanias de un departamento de policia o una prision hay tanto crimen, drogadiccion, prostitucion y asalto? sera que la institucion se fue a implantar donde existe el problema o sera que el problema se instalo donde se supone se instituyo una “solucion al problema” yo nunca lo entendere como dijo un sabio mejicano de los que hay millones: ‘Que alguien me explique’.
Si nos olvidamos del origen y tratamos de buscar una verdadera solucion, tendriamos que olvidarnos de las carceles, centros de detencion, programas anticrimen y enfocarnos en lo que de verdad funciona; relaciones intrapersonales, El hombre mas famoso del mundo dijo: Amen a su projimo como a ustedes mismos y no es por dar clases de religion pero si respetaramos a los demas y los amaramos no les ariamos daño, no les robariamos, ni los sobajariamos ni necesitariamos de prisiones.
Debemos de volver a nuestra naturaleza social, no somos hermitaños, debemos volver a jugar a las canicas, a convivir, a creer en la bondad del projimo, a compartir sin esperar la misma cantidad en cambio y a pasar tiempo de calidad con nuestras familias, pero eso no es facil si no olvidamos que lo material no nos pertenece ni nos hace felices.
Respetemos nuestras diferencias y aceptemos que no somos iguales, un traguito de jugo de naranja.
Lo que pasa es que muchos mexicanos se han olvidado el porque vinieron aqui a los estados; deja les recuerdo: para trabajar y vivir una vida mejor que la que tenian en Mexico, no mejor como la de Luis Miguel, asi es que bajense de esa nube. Pero si mejor. Si los padres que son de Mexico olvidan sus razones totalmente y se enredan en el consumismo, que se esperan de los hijos que son de aqui? No saben ni porque estan aqui. Nomas saben que su mama es su mama y su papa es su papa. Ahora, no digo que es necesario que los hijos de aqui tengan que sufrir como nuestros padres lo hicieron, pero padres he hijos, reconoscan que las metas son utiles, y la comunicacion es importante.