Cuentos del asfalto: Prejuicios de una epidemia
November 17, 2009
By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima

La H1N1 ha sido una gran oportunidad para que los antiinmigrantes den rienda suelta a su xenofobia.
CUENTOS DEL ASFALTO
Era insoportable.
Mis músculos me dolían. Estaba débil de tanta fiebre.
Perdía varias libras. Respiraba mal, dado a un catarro que más bien parecía sinusitis.
Era el blanco del virus del AH1N1 y tal parece que de esa no me iba a librar.
Eso fue en 1978. Y sí, era el AH1N1. Pero a diferencia de la actual epidemia que algunos llaman despectivamente “gripe porcina”, se trataba de la denominada “Gripe Rusa”, la cual originó en 1977 y causó una pandemia en todo el mundo, aunque a menor escala que la actual epidemia.
Tenía entonces 10 años. Fueron tales los efectos de esa devastadora pandemia que nunca se me ha podido olvidar.
Es por eso que cuando brotó la actual H1N1, inmediatamente me acordé de la denominada “Gripe Rusa”. Es curioso que muchos de los que la vivieron e incluso padecieron dicen no acordarse de ella.
Jumm.
Por esos días vivía entonces con mis padres, en el Centrosur de Los Ángeles. Como la actual H1N1, la Gripe Rusa atacaba primordialmente a aquellos que eran menores de 25 años de edad. De acuerdo a los expertos, esto se debía a que los jóvenes carecían de las defensas que tenían los mayores.
Los mayores de 25 habían sido por lo general expuestos a otras gripes anteriores, especialmente una que atacó en los años de 1947 a 1957. Esto por lo general los hizo inmunes a la Gripe Rusa.
Los expertos dicen que quizás también a esto se deba que la actual H1N1 ataca primordialmente a los más jóvenes.
Pienso que la actual gripe, y especialmente la manera en cómo algunos la han manejado, tiene muchas similitudes con la Gripe Rusa de 1977.
Pero primero, debemos aclarar algo: la actual gripe H1N1 no originó en México.
Pues de acuerdo a Gilberto Chávez, director del Centro de Epidemiología de California, los primeros casos de esta enfermedad que fueron detectados y confirmados en seres humanos, se dieron en San Diego y en el Valle Imperial: ambos lugares que colindan con México.
Por supuesto, con toda y la publicidad que se le ha hecho, pues ahora todo el mundo cree que la H1N1 tuvo su origen en México.
No es de extrañar que para los antiinmigrantes, la epidemia del H1N1 y el hecho de que puedan culpar a los mexicanos por esta enfermedad les haya venido como anillo al dedo.
Pero dije que la actual epidemia se parecía mucho a la Gripe Rusa y no sólo en el virus, sino en la forma como fue nombrada en aquel entonces.
Resulta que la llamada “Gripe Rusa” de 1977 no tuvo su origen en Rusia, sino en China. Pero se esparció a Rusia, donde ocasionó muchas muertes.
Por supuesto, hay que recordar que en aquel entonces los Estados Unidos estaba enfrascado en la Guerra Fría precisamente con Rusia.
Jumm. Perdonen si peco de suspicaz, pero, ¿no es demasiada coincidencia que aunque la gripe de 1977 brotó primero en China, le hayan puesto “Gripe Rusa? ¿Y justamente cuando eran los enemigos de los Estados Unidos?
No, para nada estoy siendo aquí anti estadounidense. Creo que el hecho de que sea veterano del Army de la Guerra del Golfo Pérsico deja en claro mi patriotismo.
Pero hay algo que debo admitir y es que mi país es muy bueno para demonizar a algo a alguien cuando no lo quiere. Y en este caso, los chivos expiatorios han sido los mexicanos, quienes no son tan bien vistos desde hace algunas décadas.
Es por eso que un grupo de antiinmigrantes decidieron ponerse unas mascarillas de quirófano cuando pasaron un grupo de latinos que marcharon por la calle primera de Yakima el pasado primero de Mayo. Con eso no cabía duda de que no sólo equiparaban a los mexicanos con la H1N1, sino con el mito del mexicano sucio.
Es el estereotipo que evoca al personaje del “feo” en el filme del oeste de El bueno, el malo y el feo.
La semana pasada me dio un catarro. Tuve tos y nariz constipada.
Al día siguiente de notar los síntomas, acudí a mi clínica. El lugar estaba lleno.
Al llegar, fui inmediatamente al mostrador a pedir una mascarilla, pues temía que de ser la H1N1, podría contagiar a otras personas.
Aunque había muchas personas tosiendo, obviamente con gripa, las únicas personas que usábamos voluntariamente las mascarillas éramos una señora latina y yo.
O sea que los únicos que aparentemente estábamos preocupados por no infectar a los demás éramos los latinos.
Guau.
Afortunadamente, sólo era un catarro común, del cual gracias a Dios ya me libré.
Pero tal parece que no importa lo que hagamos, en lo que se refiere a la H1N1, nos han forzado a cargar con este muerto.
• Joseph Treviño es el editor de El Sol de Yakima. Su columna, Cuentos del Asfalto, aparece semanalmente. Este artículo es parte de su columna.
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En realidad me gusta la manera en que escribe y la profundidad de sus opiniones y comentarios. Sur articulos son lo mejor que he leido en espanol aqui en el valle. Gracias.