El Sol De Yakima

Espectáculos: El aullido del hombre lobo

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Con la nueva cinta de Universal, el autor recuerda con nostalgia al  monstruo clásico de Hollywood.

CUENTOS DEL ASFALTO

Debo admitir que tengo una cierta predilección por los antiguos monstruos cinematográficos de Hollywood.
De niño, creciendo en los setentas en Calexico, una ciudad fronteriza que colinda con Mexicali, todos los sábados eran una especie de fiesta para mí, pues pasaban en la tele los filmes de terror de esa época de oro de Hollywood.
Me refiero en especial, por los de los estudios Universal, quienes durante los treintas y cuarentas del siglo pasado nos dieron en blanco y negro a monstruos que aterrorizaron a los cinéfilos con personajes como Drácula, El Hombre Invisible, Frankenstein y el Dr. Jeckyll y Mr. Hyde (aunque esta última fue producida por los estudios MGM).
Cabe mencionar que todos los personajes anteriores son basados en las novelas clásicas del mismo nombre. Frankenstein, por ejemplo, fue escrita por Mary Shelley, una de las primeras escritoras feministas de la historia.
Pese a los escalofríos y el entretenimiento escapista que producían los monstruos de Universal, había algo en ellos, siempre una leve moraleja, cosa que escasean los filmes actuales de miedo.
Es por eso que fui el otro día a ver The Wolfman (El Hombre Lobo), el único remake que hizo Universal desde que salió la película original en 1941. El filme -el cual todavía se exhibe en teatros en el Valle- es protagonizado por Benicio del Toro, el actor de origen puertorriqueño que interpreta el personaje de Lawrence Talbot, el hombre que es mordido por un hombre lobo y que a su vez se convierte en uno.
De niño, The Wolfman, protagonizada por Lon Chaney Jr., era uno de mis filmes favoritos. Por décadas todos alabaron la película por la transformación que sufría Chaney al convertirse en un hombre lobo.
Pero lo que mí también me fascinaba era la historia romántica, tristona, en la que Talbot padecía tras ser mordido por un hombre lobo. Por supuesto, estaba la frase que pronunciaría “Maleva”, la gitana, interpretada por la actriz rusa María Ouspenskaya, cuando dijo:
“Incluso un hombre que es puro en corazón / y dice sus rezos en la noche / Puede convertirse en un lobo cuando la belladona (o «azote de lobos») florece / Y la luna de otoño brille”.
Contrario a la creencia popular, el poema fue invención de uno de los guionistas de la película y no un poema del medioevo como muchos creyeron.
Quizás se debe a que la mayoría solemos ponernos nostálgicos cuando rebasamos los cuarenta por lo que creo que me siento como “Peter Vincent”, ese personaje de ese divertidísimo filme de vampiros de a mediados de los ochentas, Fright Night (Noche de Miedo).
Lamentándose porque los estudios cancelaron por falta de ratings su programa de filmes de miedo, “Fright Night”, Peter Vincent (interpretado magistralmente por el gran actor ya fallecido, Roddy McDowall), un actor sesentón y pasado de moda que suele interpretar a un “caza vampiros” en sus filmes, le reprocha al joven Charley Brewster que su generación ya no cree en los antiguos monstruos:
“Nadie de tu generación quiere ver a más vampiros. Lo que quieren ver son locos dementes corriendo en máscaras de esquiar, destazando a jóvenes vírgenes”.
Igual, estas generaciones son incrédulas ante los licántropos, por lo que ahora sólo les gustan esas orgías de porno terror al estilo de los filmes Saw, en los que los personajes son torturados de las formas más endiabladas.
En comparación, la interpretación del Lawrence Talbot de Del Toro parece un sublime poema gótico, especialmente tras sufrir la tortura a mano de los psiquiatras de su época, quienes como los de hoy, no creen ya más en los viejos monstruos.
Ah, ¿quién no siente un gusto enorme cuando por fin Talbot les espeta a los doctores que lo tienen amarrado que los matará a todos y luego procede a convertirse en la bestia?
No sé si esto será bueno o malo, pero lo cierto es que la bestia de Benicio del Toro no es tan terrorífica como otros licántropos de filmes de Hollywood como los de la excelente El Aullido (The Howling), el cual considero incluso superior a Hombre Lobo Americano en Londres.
Otro buen filme de hombres lobos que demuestra que no se requiere de un gran presupuesto o escenas gratuitas con desnudos o sexo para resultar un placer inconfesable es Dog Soldiers, una producción inglesa que puede uno disfrutar una y otra vez. La película cuenta con una trama tan sencilla pero eficaz como la de poner a un escuadrón de soldados infanteros contra una jauría de licántropos.
Volviendo a The Wolfman, lo único que no me gustó este remake es que a diferencia de la versión de 1941, el personaje del padre de Talbot es un ser malvado que abusa de su hijo. O sea que sufre de ese mantra modernista y perverso de siempre echarle la culpa a los padres de todos nuestros males.
Pero esto es Hollywood e incluso en la original de 1941 Universal se olvidó de todas las creencias originales de los licántropos, estableciendo sus propios dogmas.
Quizás hubiese sido más interesante que los estudios hayan contratado a Montague Summers, un sacerdote y autor que era experto en el tema, quien creía que a diferencia de la creencia moderna que los hombres se convertían en lobos al sobrevivir una mordida de un licántropo, creía que éstos eran hechiceros que tenían un pacto con el diablo.
Algo así como los naguales de nuestros países.
Jumm. Creo que eso sí hubiese sido un giro realmente interesante.
Aun así, pienso que este nuevo filme de El Hombre Lobo es digno de un aullido de luna llena.

Joseph-Treviño--Cuentos-del• Joseph Treviño es el editor de El Sol de Yakima. Su columna, Cuentos del Asfalto, aparece semanalmente.  Este artículo de análisis es parte de  su columna.

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