El Sol De Yakima

Tomando café: No olvidemos nuestras bases morales

RICARDO GARCÍA

TOMANDO CAFÉ

Mañanas frescas y con lluvia, pues tienen que ser recibidas con una taza de café caliente.
Siempre me levanto temprano y lo primero que hago es buscar el periódico diario. Busco las buenas noticias, pero más y más todo lo que encuentro son reportajes de catástrofes, asesinatos, guerras sangrientas, políticos corruptos, robos y vandalismos.
Hace unas semanas leí sobre el arresto de un papá y mamá debido a que ellos fueron acusados de instruir a su hijita de nueve años a que robara flores y banderitas de un cementerio de Yakima. ¡Flores y banderitas!
También de la muerte de otro jovencito por una balacera entre pandilleros rivales.  Ay Dios mío, ¿qué pensar? (mi primer trago de café).
No me considero experto para dar explicaciones profesionales al por qué de las cosas buenas o malas, pero sí trato de pensar del por qué ocurren y las expreso para ver si estamos de acuerdo y de allí encontrar algunas conclusiones.
Hablemos pues de la violencia que vemos entre los jóvenes, los conocidos pandilleros. Tengo que regresar a cuando yo era adolescente.  Primero mis amigos y yo veníamos de familias muy pobres, y comenzamos a aprender  a trabajar a una edad muy joven.
empecé a bolear zapatos a la edad de ocho años; iba a las cantinas locales durante el fin de semana para buscar mis clientes. Más tarde boleaba zapatos en una peluquería.
Eran raras las familias que tenían televisores, así fue que no pasaba el tiempo viendo la televisión. No tuve el beneficio de un papá para guiarme en mi desarrollo (él murió cuando tenía yo tres años); mi mamá trabajaba en una tintorería y mi abuela se encargaba de cuidarme y disciplinarme.
Mi casa fue una de las últimas en tener electricidad; yo hacía mis tareas de escuela en las noches a la luz de una lámpara de gas. Los juegos de diversión eran simples… las canicas, los trompos, volar papalotes, brincar la cuerda.
Eran raros los adolescentes que fumaban y la curiosidad sobre cosas sexuales era cosa muy secreta. Y nuestros padres nos exigían dormir temprano para levantarnos temprano y caminar a la escuela o trabajar. (Otro trago de café).
La lista de ejemplos entre usted y yo la podemos hacer más larga, pero suficiente con decir que nuestras vidas como jóvenes no eran muy complicadas. Volvemos a la época presente.
El dicho que los tiempos pasados eran más bonitos, sanos y felices, solamente es un dicho. La verdad es que hoy en día tenemos mejores esperanzas para alcanzar una vida mejor.
Pero al mismo tiempo  muchos hemos abandonado algunos principios o valores. En años pasados la prioridad de los padres era de enseñarnos con palabra y ejemplo esos valores que son el pilar de una sociedad sana y moral.
Me refiero al respeto al prójimo y propiedad; honor y obediencia a nuestra cultura, patria y ley, compasión a todos los que tienen menos y son discriminados y tener una fe fuerte en Dios. (Mi último trago de café).
La pobreza, el abandonamiento de los principios y valores y una sociedad que mide el éxito de la vida con guías materialistas y menos tiempo a la Iglesia son raíces que crecen y nos están trayendo mucho dolor a las familias. Por eso es que la ética de trabajo se hace a un lado;  los jóvenes son atraídos al dinero fácil por los narcotraficantes.
Para los jóvenes, es más importante tener un celular que ir a la Iglesia; es la televisión con todos sus programas llenos de violencia que invade a la mente de los niños porque ambos padres tienen que trabajar.
Como consecuencia, estamos viendo más y más malas noticias que nos lastiman porque no sabemos a qué rumbo nos llevan. Estos pensamientos que expreso sé bien que son buenas bases para discutirlas entre familias, amigos, políticos, líderes, educadores y otras personas.
Tenemos que comunicarnos más entre nosotros, deliberar lo positivo y lo negativo e involucrarnos más en todas las acciones que nos afectan. Por lo tanto, no hay que abandonar nuestros valores y por Dios, dar más tiempo a nuestros hijos e hijas.

Ricardo García fue director de Radio KDNA por casi 30 años. Fue amigo de César Chávez y actualmente está involucrado en muchos proyectos comunitarios, además de escribir un libro sobre sus experiencias en el Valle de Yakima.

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