November 22, 2011
By admin
En un impresionante tour de force, el autor evoca los tiempos de las grandes estrellas de la radiodifusión, mientras que se lamenta de algunos actuales gritones merolicos, groseros y obsesos sexuales que se hacen pasar por locutores.
RICARDO GARCÍA
Las primeras plumas de nieve las vimos en el Valle de Yakima el miércoles pasado. El pronóstico de los expertos, debido al fenómeno metereológico “La Niña”, podemos esperar un invierno frío, lluvioso y con mucha nieve.
Mi cafetera ya está lista y sin decir más me sirvo una taza de café. Vuelvo a repetir.
La pobreza en San Diego, Texas era extrema. La gente sobrevivía estos rigores ayudándose unos a los otros. La gente de los barrios era generosa. Había veces que mi abuela me mandaba a la casa de Doña María Pacheco para pedirle una taza de frijoles o una taza de arroz para hacer el almuerzo para mi mamá y para mí. Igualmente la vecina a veces le pedía a mi abuela si podía cortar hojas de nuestro naranjo para cocer un té de remedio. Había confianza, amistad y generosidad en el barrio (un trago de café).
Recuerdo la música de los radios que nos despertaban cada mañana. Quizás los vecinos levantaban el volumen de sus radios porque sabían que en muchas casas no habían radios. Mi casa era una de ellas. Sin embargo, cuando yo tenía catorce años mi mamá nos sorprendió con un radio que le habían regalado.
Todavía tengo ese radio. La radio nos alegraba con la música de esos tiempos. Los locutores eran súper estrellas y los admirábamos por su talento profesional, su manera de hablar y el respeto que daban a los radioescuchas.
Años después me di cuenta que los primeros locutores de las estaciones en español habían sido reclutados de México; que eran personas educadas en radiodifusión. Cuando los veíamos en el pueblo siempre los distinguíamos por su modo de hablar, vestirse, y sus buenos modos de humor.
Así eran aquellos días. (Otro trago de café).
En esos años de pobreza eran raras las familias que tenían radio, televisión o teléfono. Mis años de referencia son las décadas de los cuarenta y cincuenta. En mi casa no tuvimos electricidad hasta el año l943; nunca tuvimos televisión ni teléfono o radio. Como les dije antes, no gozamos de un radio hasta el año l952.
Recuerdo algunas de las estaciones que cubrían San Diego: La KCCT y KUNO de Corpus Christi, la KOPY de Alice y la XEX de la Ciudad de México que nos llegaba la frecuencia muy clara en las
noches. La XEW nos traía lo más popular de la música mexicana, radionovelas (¿recuerdan a “Chucho El Roto”?); programas en vivo con El DR. IQ, Los Niños Catedráticos y La Hora Azul con Agustín Lara.
La radio de esos años era otra forma de educación para nuestras mentes. El humor de Tin Tan, Manolín y Shilinsky, Cantinflas (todos se presentaban en la radio) era sano, lleno de saludables carcajadas. A veces anhelo esos días. (Mi último trago de café).
Los años pasaron rápidamente. La educación de secundaria o universidad sacó a muchos de nosotros de la pobreza; salimos de San Diego a buscar la vida en otros lugares, ciudades que tenían más promesa para oportunidades de empleo.
El mundo siguió girando, cambiando y desafiándonos. La radio todavía está con nosotros.
En el contenido de sus programaciones, mucho se ha retrasado en lugar de progresar. En lugar de voces calmadas e intelectuales, ahora tenemos locutores ruidosos, gritones y en muchos casos, faltándole el respeto a los que los escuchan. El humor que profesen es un humor torcido e insultante.
La radio comercial ha dejado de educar; el formato es como la palabra lo dice, comercial, vender, vender y vender. La televisión es igual. Entre más explícitas son las escenas sexuales y violentas, más audiencia tienen esos programas.
Los jóvenes ahora son expertos con las nuevas tecnologías pero no para el bien y educación de ellos y ellas, sino para perseguir lo peor de las cosas, como la pornografía. Ahora, sé bien que estoy generalizando. Sé que entre nuestra sociedad todavía hay mucha gente buena.
Sin embargo, hay mucha evidencia que como sociedad nos estamos desviando muchísimo de los valores ejemplares de nuestras generaciones pasadas. Consecuentemente, hay aumento de problemas con la ley, el crimen, las drogas, pandillas, falta de respeto y desobediencia.
Finalmente, la modernidad entre los medios de comunicación nos llevan a más problemas que a soluciones. Trataré de ser más optimista en otro día.
Ya me tomé el café.
• Ricardo García fue director de Radio KDNA por casi 30 años, así como un activista incansable en pro de los derechos de los latinos. Actualmente escribe sus memorias.
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