December 6, 2011
By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima
El champurrado de los señores Beleche es capaz de derretir hasta el corazón del viejo avaro, Scrooge.
Sí hay una bebida que se podría decir que es la esencia misma de la Navidad, muchos dirían que es el champurrado.
Dickens, en su Villancico Navideño afirma mediante el personaje de “Fred”, el sobrino bueno del avaro Scrooge, que el oporto es la quintaesencia de la Navidad. Scrooge, recordarán, es el viejo avaro que odia la Navidad y que es visitado por tres espíritus en una Nochebuena, con el fin de convencerlo de que su vida, pese a que estuvo rodeada de dinero, realmente fue pobre dado a su falta de caridad.
Charles Dickens es uno de los mejores novelistas de todos los tiempos, pero por lo menos en lo que se refiere a la bebida que representa la Navidad, me atrevo a decir que por lo menos en México, el champurrado hubiese sido sin duda la bebida predilecta de Scrooge, después de haberse arrepentido de odiar la Navidad si es que en la Inglaterra victoriana se hubiese conocido esta bebida mexicana.
Para mí, las celebraciones como las Posadas, arrullar al Niño Dios y la mismísima Navidad, siempre fueron acompañados con un buen champurrado. La espiritualidad a menudo pide que los actos litúrgicos vengan acompañados de fechas, olores, por eso extraño tanto el incienso que solían emplear los curas en Misa o las celebraciones de Corpus Christi y creo que con la falta de eso hemos perdido algo incalculable (el uso del incienso fue antes de que se diesen los escándalos. Jumm, ¿Será que hay una relación entre la falta de estos bellísimos actos litúrgicos y los escándalos?). La espiritualidad de todas la creencias del mundo de alguna manera vienen acompañadas de imágenes, sabores; el sabor del champurrado para mí siempre significó Navidad.
La historia del champurrado, ese brebaje espeso, condimentado con chocolate mexicano, data desde antes de la Conquista española. De hecho, el atole (conocido entre los mexicas y otras etnias indígenas de México, Centro y partes de Sudamérica como “atoli”), era una de las bebidas clásicas de los pueblos prehispánicos. Originalmente hecho de maíz y agua, el atole, con la llegada de los españoles, fue condimentado con otros ingredientes como piloncillo, chocolate etc.
En México, algunos estados le dan su propio giro. Y en Yakima no es la excepción.
De hecho, en Yakima, muchos concuerdan que Raspados Doña Chelito ofrece uno de los mejores champurrados del Valle. Por 14 años, los señores Roberto y Consuelo Beleche, han deleitado a los comensales de Yakima con sus deliciosos raspados.
Ah, pero en el invierno, Consuelo, mejor conocida como “Doña Chelito”, invierte su magia culinaria en su champurrado, bebida muy solicitada por estos días.
La señora Beleche cuenta que fue su mamá, allá en su pueblo natal de San Pedro Tesistán, Jalisco, quien le enseño el secreto de hacer un buen champurrado. El señor Beleche dice que el secreto de su esposa es dedicarle tiempo, paciencia y esmero al champurrado.
“La gente está acostumbrada a hacer el champurrado en 15 o 20 minutos”, dice Roberto Beleche. “Ella [Consuelo] le da y le da”.
“Me gusta darle su punto”, dice Consuelo Beleche.
Con su espíritu navideño, los señores Beleche compartieron el secreto de su riquísimo champurrado para los lectores de ese semanario.
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