December 13, 2011
By JOSEPH TREVINO/El Sol de Yakima
Un viaje por la música decembrina latina popular.
Es mi imaginación, ¿o la mejor música espiritual de nuestros tiempos está siendo producida por artistas y entidades que no tienen mucho que ver con la religión establecida?
En algunas columnas anteriores he mencionado cómo lo mejor de las artes actuales navideñas que se están produciendo hoy en día suele ser por comerciantes (basta un recorrido por tiendas como Macy’s por ejemplo, cuya belleza navideña de ensueño en tiempos anteriores sólo se podía ver en las mejores catedrales). Y en la música, creo que es donde se nota más la falta de buenos músicos, talentos y artistas en el campo cristiano.
En épocas anteriores, los cantos gregorianos, pues bueno, parecían extraídos de otros mundos, con sus coros angelicales, sus notas majestuosas. En cambio hoy, pues, basta con acudir a nuestras misas dominicales para ponerse a dormir con eso que a veces tal vez podríamos confundir con música (el ámbito protestante también se ve plagado de este vacío pero tal parece que en menor grado que en el catolicismo, con la excepción de los de la renovación carismática).
En tiempos anteriores, los líderes de la Iglesia Católica comisionaron a los más grandes compositores de todos los tiempos como Mozart, Bach, Beethoven y otros para componer la música de su liturgia. Lo mismo con mucha de la música clásica navideña.
En cambio, hoy en día parece que los burócratas eclesiales (no hablo aquí del Papa Benedicto, quien a su manera es un reformista y prefiere la gran música sacra y desde hace mucho ha dejado saber que detesta la música banal que solemos escuchar los domingos en Misa), con su elitismo disfrazado de populismo, en su fascismo litúrgico arrojan esos cánticos carentes de fuerza o inspiración que hacen que los feligreses a regañadientes tengan que soportarlos cada domingo. Es como si deliberadamente quisieran alejar a los feligreses con una música tan poco musical (o tal vez sea la forma de ellos de poner a prueba nuestra paciencia y devoción con semejante barbarie musical).
Afortunadamente, ironía de ironías, alguna de la mejor música pop espiritual creada hoy en día viene, por increíble que parezca, de los ámbitos más comerciales. Y en español no es la excepción.
EN EL invierno de 1987, EMI LATIN (Ahora Sony Latin) me dio una copia promocional de prensa de Eterna Navidad, un disco totalmente compuesto de música navideña con varios de los mejores intérpretes pop del momento. Entonces yo era un periodista novato que cubría rock en español, un género entonces emergente, para un diario en español en Los Ángeles que hace décadas cerró.
El disco había salido un año antes, pero EMI Latin decidió promocionarlo también ese año. Contaba con “La Hermandad”, integrado por Tatiana, Mijares, Daniela Romo, Arianna, Pandora, Denise de Kalafe, Oscar Athié, Yuri, Hernaldo Zúñiga y Jazmine (hermana de Oscar Athié).
La producción estaba a cargo de uno de los productores musicales que ayudó a definir el sonido pop ochentero en español: Miguel Blasco, con la ayuda de Gian Pietro Felissati y Jesús Gluck.
Cabe mencionar que antes de ser productor, Blasco conoció a los grandes, como Jimi Hendrix, los Rolling Stones. Como productor, aparte de producirle a artistas como los ya mencionados y Bertin Osborne, Paloma San Basilio, también le produjo a grupos de rock como Radio Futura, Alaska y Dinarama, Nacha Pop; le hizo los primeros discos a Paulina Rubio.
Debo admitir que nunca imaginé que Eterna Navidad se iba a convertir en el disco navideño en español más exitoso de todos los tiempos. Y menos que en parte sería producido por Televisa, empresa que casi casi por sí sola patentó lo que significa la comercialización en México, con sus telenovelas, producciones y hasta en su música.
Pero así fue. A lo largo de los años, Eterna Navidad tal vez se ha beneficiado de la ayuda de señoras ochenteras que en otros tiempos pudieron haber impartido una cátedra a las jovencitas de hoy en cómo usar jeans pegados al cuerpo con estilo, bajo marcas como Jordache (hoy en día algunas muchachas usan los jeans ajustados, pero como carecen de esbeltez, los pantalones a medio trasero las hace ver como si tuviesen dos caderas deformes (ufff…). O por señores que alguna vez tuvieron una cintura prieta y definida que lucieron bien una camisa Sergio Valente fajada (no como hoy en día que los jóvenes tienen que usar las camisas desfajadas para ocultar sus prominentes barrigas), quienes hasta la fecha cada Nochebuena tocan Eterna Navidad. Estoy seguro que en muchos hogares de Yakima poner este disco es parte del ritual navideño.
LA MEZCLA de productores mexicanos, españoles, italianos y franceses, tan en boga en esa época (la influencia italiana en los ochentas dio hits como Maldita Primavera de Yuri), le dio un cierto caché a Eterna Navidad. Para su época, algunas de las canciones, aunque no fueron vanguardistas, eran de una calidad respetable.
El sonido “synth” en Campanas Navideñas, de Tatiana, Peces en el río, de Pandora, con unos teclados que pudieron haber sido de un disco de Olivia Newton-John o la buena interpretación de Mijares en Adeste Fideles, rescataron a un disco que tuvo sus altibajos como Arre Borreguito de Denise de Kalafe. Pero ahí estaba Campana sobre campana, de una Yuri pre evangélica, cuyo talento y voz privilegiada por entonces hacía que algunos la llamaran la “Madonna Mexicana” (aunque Yuri siempre ha tenido una voz mucho mejor que la artista estadounidense).
Sin duda el mejor tema fue Ven a cantar, que contaba con la interpretación de todos en La Hermandad, un corte contagioso que cuesta sacarlo de la cabeza. Todos armonizaron de forma maravillosa y la prueba está que 25 años después, Ven a cantar es todo un himno.
Con los años, Eterna Navidad ha sido reeditado, contando con cortes extras como la versión impresionante de El Tamborilero de Raphael, quien grabó el tema cuando estaba en su cúspide interpretativa. ¿Quién hubiese pensado que Eterna Navidad se iba a convertir en todo un clásico?
OTRO DISCO navideño que me dieron las disqueras ese año, esta vez por BMG Latin, fue Flamazo Navideño, del grupo veracruzano, Los Flamers. Como Eterna Navidad, el Flamazo también es
considerado como un disco tropical clásico de la época decembrina.
Para aquellos que ya tienen este disco, muy recomendable es adquirir también Gran Baile Navideño, en el que los Flamers distribuyen su magia bailable en una colección de tres discos navideños. Si su disquera favorita no lo tiene, pídaselo o cómprelo vía Internet.
Tal parece que estuve destinado a recibir los más destacados discos navideños en español, pues en 1994 Balboa Records me dio un disco promocional de Posadas con Tambora. Cabe recordar que esos tiempos fueron la época dorada de la Tecno banda, con nombres que ahora son clásicos como Banda Machos, Banda Toro, Carmen Jara y Vallarta Show (de donde salió Ezequiel Peña).
Eran los tiempos en que la música de banda se concentraba más en los ritmos de cumbia, en el uso de la música de viento, a diferencia de la música duranguense actual. Los chicos de La Quebradita mezclaban el baile acrobático con unos pasos dobles que pese a que nunca fueron lo mío, sí que impresionaban (los seguidores de la música duranguense en cambio se mueven a un ritmo desenfrenado, sin el estilo y cadencia de la música banda de los noventa).
También los chicos de La Quebradita lucían sus tejanas Stetson a la altura de los ojos, con lo que se veían súper perrones, no como los sombreros estilo taco de hoy que hace que los chicos duranguense se vean, en el mejor de los casos, eh… risibles.
Fue en medio de todo esto que Discos Balboa reunió a nueve bandas y a un solista, Juan Valentín, un veterano de la música ranchera, en Posadas con Tambora. Si hay un disco navideño de banda por excelencia, tiene que ser este.
Es como si todas las bandas del disco pensaban que esa Navidad iba ser la última noche del mundo y en lugar de entrar en pánico y largarse a buscar refugio en los montes, optaron por hacer lo que hacían mejor: tocar. Ahí está Juan Valentín, demostrando que no sólo de rancheras vive el hombre, sino de buena música de banda como Los Peces en el Río. Mi Banda El Mexicano, agrupación que pese a que nunca obtuvo en Estados Unidos el éxito de México debido al boicot de una cierta disquera corrupta que los obstruyó, era y es una buena banda y lo demostraba en temas como El Burrito de Belén.
Algunas bandas en Posadas con Tambora ya se desbandaron o tronaron, como Banda Guadalajara Express, Banda Bravío y Banda Camino, pero en este disco y en otros dejaron prueba de que realmente eran buenas.
Una de las que ya no existe es Banda Brava, cuyo vocalista, Carlos Rodríguez, ya falleció. La banda grabó un popurrí de los Beatles y en tiempos en que muchas bandas sonaban igual, creó en verdad un estilo suyo.
Hasta la fecha creo que su mejor canción fue su versión de Blanca Navidad. Ah, con una sección de viento que te mueres, los chicos de la Banda Brava dejaron saber de una vez por todas que la Navidad, aparte de su origen sagrado, es alegría y un regocijo que no puede ser extirpado del alma.
ENTRE OTROS discos latinos dignos de mención está la reedición que Diana Reyes lanzo el año pasado en Navidad Duranguense, donde la Reina del Pasito Duranguense parece más encaminada a la música de la tecnobanda de los noventas.
Para aquellos que realmente quieran incrementar su colección navideña pop está Navidad de la Estrellas, disco que nació de otro especial navideño de Televisa en 1995, con buenos temas y villancicos. También Estrellas de Navidad, otro especial televisivo de 1997, con el archi pegajoso corte estilo High School Musical en Estas Navidades.
Sin duda que me faltó mencionar algunos buenos discos en español, pero con los incluidos aquí es un buen comienzo.
Feliz Navidad.
Joseph Treviño es el editor de El Sol de Yakima. Cuentos del asfalto es su columna semanal de opinión.
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