Cuentos del asfalto: Un profeta de nuestros tiempos
August 26, 2008
Alejandro Solzhenitsyn falleció, pero su mensaje no sólo fue cierto, sino parece haber sido escrito especialmente para la comunidad latina de Yakima.
Cuentos del asfalto
Pocas veces un profeta tan acertado.
Hablo de Alejandro Solzhenitsyn, el escritor ruso que falleció el pasado tres de agosto a la edad de 89 años. Descanse en paz.
Solzhenitsyn es mejor conocido por sus monumentales novelas como Arquipélago Gulag, Un día en la vida de Iván Denisovich y otras más que son ya clásicas.
Pero para mí y para muchos, el discurso que el gran escritor impartió durante la ceremonia de graduación de Harvard en 1978 está a la misma altura, o más.
Pero primero, es necesario un poco de historia.
Solzhenitsyn nació en Rusia en 1918. Su padre falleció cuando él todavía era un niño, por lo que se crió con su madre, una viuda que nunca se volvió a casar.
Alejandro creció durante el tiempo en que Rusia se convirtió en la Unión Soviética, bajo la mano de hierro de Lenin y luego, Stalin.
Durante la Segunda Guerra Mundial peleó y fue condecorado. Sin embargo, fue sentenciado a ocho años de prisión y luego a un exilio interno por haber criticado a Stalin en una carta a un amigo.
Solzhenitsyn pasó las de Caín, siendo torturado, interrogado durante el proceso. En prisión y durante su exilio escribió varias novelas, entre ellas Un día en la vida de Iván Denisovich, donde narra la vida de un hombre en un campo de trabajo bajo el régimen estalinista.
La novela fue una bomba. Luego vino Arquipélago Gulag, obra por la que el gobierno soviético lo exilió. En 1970 obtuvo el Premio Nóbel de la Paz.
Durante los setentas se fue a vivir a los Estados Unidos. Y en 1978, tras haber pasado unos cuantos años en este país, fue cuando impartió sus discurso a los que se graduaban de Harvard.
Como con todo profeta, el discurso fue bien recibido por el pueblo, pero fue -y es- odiado por las élites. Solzhenitsyn no dudó en criticar a su país adoptivo, pues creía que ante todo, la verdad de ser siempre primero.
“La verdad rara vez es agradable; es casi invariablemente amarga”, les dijo Solzhenitsyn. “Hay algo de amargura en mi discurso hoy, también. Pero quiero enfatizar que no viene de un adversario, sino de un amigo”.
Sí, pero la verdad que dijo el escritor tuvo toda la honestidad de un derechazo a la mandíbula. Y aunque nos duela, hay pocas cosas tan honestas como eso.
Una de las cosas que notó Solzhenitsyn fue que el oeste, en especial, los Estados Unidos, pasaba por un declive en cuestión de su valor.
“Tal declive en el valor es particularmente notable entre los grupos gobernantes y la élite intelectual, causando una impresión de una pérdida de valor de la sociedad entera”.
El escritor decía que pese a que sigue habiendo políticos e intelectuales valerosos, éstos no tienen mucha influencia en la vida pública.
“¿Debería uno de señalar que desde los tiempos de la antigüedad el declive de valor ha sido considerado como el principio del fin?”
Igual que muchos inmigrantes latinos que han llegado a este país, Solzhenitsyn rápidamente se dio cuenta de que el pueblo estadounidense era a menudo esclavo de sus propias leyes. Un buen ejemplo hoy en día sería las leyes que no le permiten a los padres que disciplinen a sus hijos, causando indirectamente que tal falta de corrección paterna orille a nuestra juventud a convertirse en rebeldes, nihilistas y opten por el pandillerismo, las drogas, el libertinaje etc.
O cuando estas mismas leyes no le permiten a los padres dar corrección a sus hijos (pues bien sabemos que los burócratas del gobierno encuentran formas de quitárnoslos y luego hacen con ellos lo que quieren). Pero a la vez dejan que una menor de edad tenga un aborto sin tener que informar a sus padres (guau, si eso no es una tontería, pues no sé qué más decir).
“Así, la mediocridad triunfa con la excusa de restricciones impuestas por democracia”, dijo. “Es hora, en el oeste, para defender no tanto los derechos humanos sino obligaciones humanas”.
Los estadounidenses, como muchos nosotros que llegamos de nuestros países latinos a este país, confundimos la libertad con el libertinaje, escribió Solzhenitsyn.
“Una libertad destructiva e irresponsable ha sido concedida un espacio sin límites”, continuó el escritor. “La sociedad parece tener poca defensa contra el abismo de decadencia humana, tales como, por ejemplo, el mal uso de la libertad para una violencia moral contra los jóvenes, películas llenas de pornografía, crimen y horror”.
La prensa y los medios de comunicación no se libraron de Solzhenitsyn. De hecho, sus criticas son tan proféticas que es como si hubiese visto en la decadencia que cayeron televisoras como HBO, con series como Sex in the City (Sexo en la ciudad) y sus banales refritos en español como Amas de casas desesperadas o telenovelas que en vez de mejorar sus guiones, recurren al uso de semidesnudos y escenas sexuales para obtener ratings fáciles.
La prensa y los medios, dijo Solzhenitsyn, se escudan bajo el pretexto de que “todos tienen derecho a saber todo”.
“Pero este es un eslogan falso, característico de una era falsa: la gente también tiene el derecho a no saber, y es uno mucho más valioso”, dijo Solzhenitsyn. “El derecho a que no llenen sus almas divinas con chismes, tonterías, habladurías vanidosas. Una persona que trabaja y lleva una vida con sentido no necesita este flujo excesivo de información”.
Y continuó:
“La prisa y la superficialidad son la enfermedad psíquica del siglo 20 y más que ninguna otra esta enfermedad se ve reflejada en la prensa. Un análisis profundo es anatema para la prensa. Se detiene en fórmulas sensacionalistas”.
El mal actual, escribió Solzhenitsyn, es espiritual. Mientras que en la Edad Media el mayor error fue de cultivar el espíritu y olvidar el cuerpo, ahora es al revés. En nuestra era se glorifica al materialismo y se denigra el alma.
“Pero la lucha por nuestro planeta, física y espiritual, una lucha de proporciones cósmicas, no es un asunto vago del futuro; ya ha comenzado”, escribió. “Las fuerzas del Mal han comenzado su ofensiva decisiva, puedes sentir su presión, y sin embargo sus pantallas y publicaciones están llenas de pantallas y vasos alzados. ¿De que se trata tal gozo?
La prueba de que estamos en muy mal estado es que hay poco campo para el heroísmo, dijo.
“Para defenderse a uno mismo, uno debe estar listo para morir; hay poca de esa disposición en una sociedad criada en el culto del bien material”.
Sobra decir que cada párrafo del Discurso de Harvard es una gema. Todos, absolutamente todos deberíamos de leerlo.
Sin embargo, Solzhenitsyn terminó su discurso en un tono de esperanza. Dijo que no todo está perdido.
“Tendremos que alzarnos a la altura de una nueva visión, un nuevo nivel de vida, dónde nuestra naturaleza física no será anatematizada como en la Edad Media, pero, más centralmente aún, nuestro ser espiritual no será pisoteado como en la Edad Moderna.
La ascensión es similar a un escalamiento hacia la próxima etapa antropológica. Nadie, en todo el mundo, tiene más salida que hacia un solo lado: hacia arriba”.
Joseph Treviño es el editor de El Sol de Yakima. Su columna, Cuentos del Asfalto, aparece semanalmente. Este artículo es parte de su columna. También puede escuchar sus comentarios sobre las noticias actuales todos los miércoles como invitado del programa de Francisco Ríos, director de noticias de Radio KDNA a las 8 a.m. en el 91.9 F.M. Además, Radio KDNA ofrece su programa de noticias todos los días a las 8 a.m., 12p.m. y a las 6 p.m.


