David Torres: Origen y destino sin esperanza
September 1, 2010
El autor desglosa, con el trasfondo de la historia, la masacre de Tamaulipas y el significado de la inmigración.
DAVID TORRES
LATINOCALIFORNIA.COM
LOS ÁNGELES, CA.- Desprenderse del origen –de la tierra que lo vio nacer—no es un acto estrictamente voluntario del inmigrante. Obedece a factores que avergonzarán eternamente al género humano. Es decir, a pesar de tantas luchas a lo largo de la historia por superar los escollos del hambre, la miseria, el desempleo, la persecución política o religiosa, o el acceso a la salud o a la educación, millones de seres que jamás se han visto cerca siquiera de los satisfactores elementales que les permitan un sano desarrollo personal y social, han tenido que decidir el angustiante abandono de sus países. Así lo entendieron los 72 migrantes latinoamericanos que, en su camino hacia Estados Unidos, fueron masacrados en el estado mexicano de Tamaulipas la semana pasada.
Sólo uno que iba en el grupo logró salvarse de la matanza, y ha sido a partir de su testimonio que el mundo supo lo que había ocurrido en la localidad de San Fernando. Según el joven ecuatoriano, al negarse a formar parte de la organización que él señaló como Los Zetas –ex brazo armado del cartel del Golfo–, fueron literalmente fusilados en una especie de bodega ubicada al lado de una carretera. Los sueños de esos jóvenes hondureños, guatemaltecos, salvadoreños, ecuatorianos y brasileños de superar su situación económica se esfumaron en un rancho mexicano.
¿Qué mensajes se desprenden de este acto de barbarie? El más inmediato es que se trató de una represalia fulminante por la negativa a pasar a engrosar las filas de la delincuencia organizada, a pesar del ofrecimiento de una paga. Imperó la dignidad de los migrantes ante la soberbia de las armas.
Sin embargo, una segunda interpretación conduce al amedrentamiento a distancia; es decir, todo aquel que atraviese por México en su camino a EEUU está expuesto a toparse con dicha clase de grupos armados. Y siendo éste el primer incidente que se conoce, la lógica impele a pensar que seguramente ha habido otros casos trágicos que han quedado en el anonimato; o bien, que otros migrantes no han tenido más opción que aceptar. Esto último implicaría que hay un nuevo uso del indocumentado en territorio mexicano: el sicariato.
Es esta nueva vertiente en la que tendrían que pensar los países involucrados –incluyendo, por supuesto, a Estados Unidos–, pues por una parte la falta de oportunidades en los lugares de origen y, por otra, la “ilusión” que aún despierta la primera potencia mundial (cuya economía, por cierto, no se encuentra en su mejor momento) impulsa aún a millones de personas a buscar mejores niveles de vida para ellos y para los suyos en tierras ajenas. Muchos creerán que si la delincuencia organizada en México les garantiza eso, no lo pensarán dos veces y se sumarán al ámbito del terror para solucionar, momentáneamente, su situación.
En efecto, es un giro peligroso el que ha dado la historia de la migración en estos tiempos. ¿Quién se beneficia de todo esto? ¿Quién se perjudica con todo esto? Estados Unidos no deja de ser el primer consumidor de estupefacientes en el mundo. México no deja de ser la plaza actual de la guerra de los carteles del narcotráfico. El resto de América Latina no deja de ser un proveedor natural de migrantes. Es un mercado absolutamente claro, pero moralmente denigrante.
Emigrar no es una historia que ocurra cada cierto tiempo, sino que es permanente, siempre ha estado ahí y se ha venido arrastrando durante siglos. Salir en busca de lo necesario para sobrevivir es una constante mundial y los polos de destino suelen ser las economías más poderosas. Es una ecuación sencilla que no todos entienden ni quieren aceptar. En esta etapa de la historia de la humanidad, Estados Unidos se ha convertido en dicha tabla de salvación; en su momento fueron Babilonia, Fenicia, Grecia, Roma, Tenochtitlan… cuyos pueblos alrededor aspiraban a obtener un poco de la riqueza centralizada en dichos imperios.
Nada cambia. Pero siguen muriendo los más vulnerables.
• David Torres es un periodista mexicano que trabaja en Los Ángeles. Es un veterano del periodismo que ha trabajado para varios de los periódicos más importantes de México y los Estados Unidos. Este artículo de opinión fue escrito para Latinocalifornia.com.
Tomando café: Juegos de pelota
August 31, 2010
Los Osos de Yakima provocaron en el autor la nostalgia por la época dorada del béisbol. Read more
Maribel Hastings: Freno a ciertas deportaciones: ni ‘amnistía’ ni ‘carta blanca’
August 31, 2010
MARIBEL HASTINGS
AMERICA’S VOICE
WASHINGTON – La administración de Barack Obama deportó a 393,289 personas en el año 2009, cifra que espera superar este año fiscal 2010, pero podría frenar la remoción de unas 17,000 personas gracias a una directriz del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) que de inmediato fue catalogada por varios republicanos como una “amnistía”, una “legalización de facto”, “otro intento” de Obama de pasar por alto al Congreso para otorgar “carta blanca” a quienes no lo merecen.
Sólo que los 17,000 casos corresponden a personas con una orden de deportación pero al mismo tiempo con una solicitud activa de residencia presentada, por ejemplo, a través de un familiar, como cónyuges de ciudadanos de Estados Unidos. Son personas sin historial criminal que con mucha probabilidad lograrán la residencia, pero el rezago en el procesamiento de esas solicitudes y en los tribunales de inmigración ha provocado que la orden de deportación se anteponga a la residencia.
Es decir, se trata de personas que tienen una vía de legalización a través de una solicitud tradicional que formule un familiar, por ejemplo. No es una orden ejecutiva de parte del presidente Obama y mucho menos una amnistía de parte del Congreso. Es más, si la petición de residencia es denegada, estas personas pueden ser deportadas de todos modos.
Amnistía fue lo que aprobó el Congreso y el presidente republicano Ronald Reagan promulgó en 1986, algo que muchos en el Partido Republicano parecen olvidar o prefieren no recordar. De hecho, muchos prefirieron hacerse de la vista larga cuando las sanciones a empleadores que contrataran indocumentados contempladas en dicha amnistía se ignoraron para beneficio de patronos inescrupulosos, muchos de ellos benefactores de políticos.
La nueva guía, fechada el 20 de agosto, no constituye en modo alguno una nueva vía de legalización para todos los indocumentados que viven en Estados Unidos, cifra que, por cierto, se ha reducido en 1.7 millones desde 2007, según la Oficina del Censo y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
Se calcula que de 12.5 millones de indocumentados que vivían en Estados Unidos en 2007, la cifra bajó a 10.8 millones en el año en curso.
Tampoco escuda de la deportación a cientos de miles. En el pasado año, ICE ha deportado a 167,000 inmigrantes con historial criminal.
Las 17,000 remociones que se frenarían son apenas una fracción mínima si se comparan con casi 400 mil deportaciones. Pero de todos modos se trata de un paso bienvenido si se evita así sea una separación familiar. Un paso que ha debido tomarse hace mucho tiempo.
Asimismo, se trata de emplear de manera más efectiva los recursos disponibles y de dirigirlos a quienes verdaderamente suponen una amenaza a las comunidades o la seguridad nacional.
No que eso parezca importarle a muchos que sólo buscan acumular puntos políticos y obstruir.
La nueva directriz no es una moratoria a las deportaciones; no frenará las redadas administrativas que se siguen conduciendo; y tampoco busca escudar criminales como denuncian algunos.
Si acaso, evidencia un poco de la lógica y de la sensatez que se requieren para conducir un debate de altura y buscar una solución duradera al problema migratorio.
• Maribel Hastings es asesora ejecutiva y analista de America’s Voice.
David Torres: Cada vez más ‘ninis’
August 27, 2010
DAVID TORRES
LATINOCALIFORNIA.COM
LOS ÁNGELES, CA-A cada generación se le ha repetido hasta el cansancio una frase que se ha convertido en un incómodo y ahora ya anacrónico y cursi lugar común: “Los niños son el futuro del mundo”. La palabra futuro, en esta específica expresión, se ha utilizado siempre como esa aspiración simbólica a que las cosas mejoren y que redunden en menos violencia, más tolerancia y mejores condiciones de vida. Haciendo un breve repaso histórico, el resultado nunca ha sido el esperado para las inmensas mayorías, no importa el sistema político o económico del que se trate.
En la actualidad, los porqués básicamente tienen sus respuestas en el factor económico, diseminado en las cada vez más estrechas oportunidades de educación y, por ende, de trabajo, en un incierto y a la vez difuso mundo globalizado. En el caso de México, enfrentado ante el infinito espejo de la violencia, la cifra de los jóvenes que ni estudian ni trabajan –los llamados “ninis”—simplemente llena de alarma.
Los nuevos datos con los que el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro, refutó a las secretarías de Educación Pública y de Gobernación deberían provocar el cambio de prioridades en lo que se refiere a la atención de las juventudes. Según el académico, no son 285 mil los jóvenes que carecen de las opciones educativa y laboral en este momento, sino la exorbitante suma de siete millones.
Ese ejército sin rumbo que se ha ido formando no sólo en un país con las características del México contemporáneo, sino con paralelismos casi idénticos en prácticamente toda America Latina -y ahora cada vez más en Estados Unidos con su recesión aún sin superar-, tiende a volverse más complejo conforme avanza el problema sin ofrecerse solución alguna.
Pareciera que esa enorme cantidad de jóvenes –seguramente con talento y avidez por contribuir con su esfuerzo al desarrollo personal, familiar y social del país en el que les ha tocado vivir– no es más que una isla que flota a la deriva y a la que los sectores político o empresarial hacen caso omiso, más preocupados por conservar el puesto o el capital que por ensayar al menos las directrices de la nueva sociedad que ya requiere el Siglo XXI.
Quienes están al acecho, por supuesto, son los carteles del narcotráfico, que han ido conformando sus propias células de refuerzo al captar el interés de quienes no tienen más opciones; la última de las versiones de la delincuencia organizada es el de mujeres sicarias, cuyas características, en voz de un detenido, son muy específicas: jóvenes y atractivas. El carácter temerario, en todo caso, se los da naturalmente la serie de carencias a las que se enfrentan en su vida cotidiana; carencias que les resuelve de manera efímera su involucramiento en esa esfera del terror.
La exclusión, hay que reconocerlo, ha sido una constante en la historia humana. Continuar por esa vía no ha derivado más que en sociedades en desequilibrio permanente, realidad que a su vez se ha convertido en una aceptación casi natural o incluso lógica. Ahora que se vuelven coincidentes en su sentido negativo los diversos “futuros” de las diferentes generaciones que alguna vez escucharon en la infancia la famosa frase, cabe esperar que la crisis en que también han caído valores como la ética en la economía que nos rige no termine de erosionar los que aún permanecen como ideal de trascendencia, a saber la educación, el derecho a estar informado, el vínculo familiar y el deseo de seguir perteneciendo al quehacer de la Historia. El futuro de los “ninis”, lamentablemente, se ha adelantado.
• David Torres es un periodista mexicano que trabaja en Los Ángeles. Es un veterano del periodismo que ha trabajado para varios de los periódicos más importantes de México y los Estados Unidos. Este artículo de opinión fue escrito para Latinocalifornia.com.



